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Los concejales del PP de Madrid se dejan 2.588.015 euros al año para un ejército de asesores que "mejore" su imagen

El concejal Alberto González y Carlos Andrés Pérez, a la derecha.

En los distritos de Madrid, la política local o de barrio parece estar cada vez más alejada de los problemas reales de los vecinos y más centrada en construir una imagen perfecta para agradar en Génova y Cibeles. Los concejales presidentes, lejos de liderar con pragmatismo y eficiencia, se han sumido en una carrera de narcisismo político que recuerda más a estrategias de marketing que a la gestión pública.

Algunos concejales parecen creer que pueden emular el carisma de líderes como Barack Obama, pero en la práctica su actuación evoca más la política grandilocuente y despegada de los años 80 en países como Venezuela. En Latina, por ejemplo, un vecino venezolano llegó a comentar que la llegada rauda a un acto de su concejal, Alberto González, le recordaba al expresidente Carlos Andrés Pérez, célebre por su campaña Ese hombre sí camina, que lo llevó a la Presidencia.

Otros concejales, en un afán por proyectar una imagen intelectual, se dedican a organizar charlas en sus distritos con aires de grandes pensadores, como Yolanda Estrada en Chamartín o David Pérez en Hortaleza, aunque sus credenciales académicas sean más bien limitadas. No faltan quienes critican los estudios y másteres de figuras como Begoña Gómez mientras ellos mismos tienen menos titulaciones que una perdiz.

En Arganzuela, Dolores Navarro muestra una obsesión taurina, intentando convertir el distrito en un referente en la materia según sus preferencias personales. En otros casos, algunos concejales parecen empeñados en imponer una supuesta moralidad religiosa que dista mucho de las preocupaciones reales de los vecinos. Y todo esto se refleja en las redes sociales, donde cuentan con el costoso apoyo de equipos dedicados a promocionar su imagen.

Esta obsesión por la imagen y el mundo digital lleva a algunos concejales a invertir excesivo tiempo y recursos en controlar su reputación online, contratando asesores para combatir críticas y levantar su imagen tras denuncias o polémicas que, en muchos casos, ni se molestan en explicar. Cada distrito cuenta con dos asesores elegidos a dedo, con salarios de 60.387 y 62.850 euros anuales, lo que suma un total de 2.588.015 euros al año para un ejército de 42 asesores. Este personal, en teoría destinado a apoyar la gestión municipal, se dedica en gran parte a maquillar la imagen de los concejales. Cuando surgen conflictos internos, como ya ha ocurrido, esos mismos "héroes de la imagen" pueden pasar de ensalzar a su superior a criticarlo ferozmente.

David Pérez

El Partido Popular, además, dispone de 35 asesores más en el grupo municipal y otros 81 en las áreas de gobierno, consolidando un entramado cuyo coste asciende considerablemente, mientras los problemas reales de los distritos quedan relegados a un segundo plano. En lugar de abordar problemas esenciales como los cantones de limpieza o el mantenimiento del espacio público, los concejales no dudan en trasladar las responsabilidades a las áreas de gobierno. Esta falta de implicación contrasta con la dedicación casi exclusiva a sus "proyecciones políticas".

La obsesión por la imagen y el control de las narrativas en redes sociales no solo erosiona la confianza ciudadana, sino que deja un vacío en la gestión local, que debería ser la prioridad de cualquier concejal de distrito. En lugar de imitar modelos internacionales o dedicarse a los fuegos artificiales en redes, harían bien en recordar que su labor es, ante todo, trabajar para los vecinos, garantizar el funcionamiento de los servicios y buscar soluciones a los problemas del día a día. Un veterano concejal que no aspira a más asegura que “Madrid necesita menos postureo y más compromiso con los barrios”.