Duras críticas internas a Feijoo por apoyar a Mazón: "Hizo una pésima y desastrosa gestión de la DANA"
Alberto Núñez Feijóo vuelve a Valencia para apoyar a Carlos Mazón, un barón autonómico cada vez más denostado tanto dentro como fuera de la Comunidad Valenciana. Este movimiento es visto por algunos como desacertado, no tanto por la visita en sí, sino por la forma y el motivo, que no parece otro que "apoyar a Mazón y criticar por enésima vez a Sánchez, olvidándose de la pésima y desastrosa gestión autonómica del PP y de Mazón". Así, Feijóo no solo une sus destinos al del presidente valenciano, sino que también evidencia una estrategia errática y arriesgada que busca revertir las estancadas encuestas, apuntaladas únicamente por la posibilidad de gobernar con VOX. "Hizo una pésima y desastrosa gestión de la DANA", destacan desde el Partido Popular.
La visita de Feijóo parece diseñada más para atacar a Pedro Sánchez que para ofrecer soluciones concretas. Sin convocatoria de prensa ni actos destacados con los afectados por la DANA, su viaje es de bajo perfil, casi de incógnito. Entre sus críticas al Gobierno central, Feijóo señala la ausencia de Sánchez en la región valenciana o sus cinco días de silencio tras la citación judicial de su mujer. Sin embargo, el propio Feijóo desaparece de jueves a lunes, delegando la narrativa en una quincena de portavoces que repiten el mismo discurso cansino, sin proponer alternativas claras a los numerosos problemas que afectan al país.
Mientras Feijóo maniobra en Valencia, Elías Bendodo, número tres del PP, anuncia que las comunidades gobernadas por los populares se reunirán para abordar el problema de la vivienda. Un gesto que llega tarde, considerando que la vivienda es una competencia autonómica desde hace años. Pero esta oportunidad de marcar agenda en un tema clave se diluye en comparaciones provocadoras. Equiparar a Franco con Nicolás Maduro, como hizo recientemente Bendodo, ha generado incomodidad en sectores de la derecha más cercana al PP. Esta misma derecha recuerda cómo Alianza Popular, embrión del partido, fue fundada por exministros y vicepresidentes del régimen franquista.
Por su parte, el Gobierno de Sánchez insiste en revivir a Franco como arma electoral, un recurso que busca captar votos en ciertos segmentos ideológicos. Pero el PP parece caer en la misma trampa. Al centrarse en debates históricos ajenos a las preocupaciones reales de los ciudadanos, como la vivienda, la sanidad o la gestión de catástrofes, Feijóo y su equipo terminan cediendo terreno a VOX, el verdadero beneficiado de estos enfrentamientos estériles.
El respaldo de Feijóo a Mazón es una apuesta política de alto riesgo. El presidente de la Generalitat Valenciana ya había sido cuestionado por su pacto con VOX antes de las elecciones generales y después por su gestión caótica de la crisis de la DANA, que evidenció la falta de preparación de su gobierno ante una catástrofe de esta magnitud. En lugar de marcar distancias, Feijóo opta por atarse a un futuro político que muchos consideran acabado.
Esta relación no solo genera tensiones internas dentro del PP, sino que ofrece una ventana de oportunidad a sus rivales, tanto internos como externos, para cuestionar la coherencia del proyecto de Feijóo. Mientras Sánchez sigue obsesionado con Franco y parece tener perdida la legislatura, el líder del PP parece dispuesto a arriesgar su capital político en alianzas que podrían desgastar su imagen de cara a las próximas elecciones generales.
La percepción de que el PP está perdiendo el foco en cuestiones clave como la gestión de crisis, la política económica, la vivienda, la inmigración o los problemas sociales comienza a pasar factura. Feijóo debe decidir si seguirá centrando su estrategia en la crítica constante al Gobierno y en piruetas políticas como las de Valencia, o si adoptará una narrativa más sólida y orientada a las soluciones. De lo contrario, corre el riesgo de que problemas que deberían beneficiarle, como la crisis de la DANA o el descontento con la Ley de Amnistía, acaben engrosando las filas de VOX, el auténtico ganador de la polarización política.