PSOE

Eduardo Madina quiere tumbar a Sánchez y ser candidato y exprime el apoyo de Angels Barceló y Felipe González

Eduardo Madina

El portón metálico de Soto del Real se cerró con un estruendo que resonó mucho más allá de los muros de la prisión. Allí dentro, el exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, ingresaba en prisión provisional sin fianza. Era el 1 de julio de 2025. El partido que gobierna España volvía a mancharse las manos con uno de los pecados más temidos: la corrupción. Y esta vez no se trataba de un caso menor. Cerdán, estrecho colaborador de Pedro Sánchez, es acusado de cohecho, tráfico de influencias y pertenencia a organización criminal. Una trama que, según la investigación judicial, mueve millones y salpica contratos públicos adjudicados durante la pandemia.

La imagen de Cerdán cruzando la misma prisión por la que pasó Luis Bárcenas fue un mazazo para el partido. La escena hizo que muchos dentro del PSOE se removieran en sus sillas. El escándalo, al fin y al cabo, no era sólo judicial. Era moral. Político. Institucional.

Y en medio de este terremoto, un viejo conocido del socialismo volvió a sonar con fuerza: Eduardo Madina.

El regreso de Madina

Retirado de la primera línea política desde su derrota ante Sánchez en las primarias de 2014, Madina había optado por la discreción. Pero las aguas revueltas traen oportunidades, y algunos dentro del partido ya lo señalan como una figura capaz de reconducir al PSOE hacia una senda más moderada y "reconciliadora".

Fuentes del entorno de Felipe González no ocultan su simpatía por este giro. Tampoco lo hacen figuras mediáticas cercanas al ala institucional del partido, como Àngels Barceló, cuya cobertura editorial ha servido de altavoz sutil a esa corriente crítica con el sanchismo. Se intuye un movimiento calculado, pero aún tímido, que pretende sacar la cabeza en un momento en que Pedro Sánchez está contra las cuerdas.

La detención de Cerdán no solo revela una posible red corrupta. También expone el desgaste de un liderazgo que ha basado su poder en la lealtad interna más que en la regeneración real. Y ahí es donde Madina encuentra su nicho: una voz limpia, sin mochila judicial, con discurso de Estado y un pasado de compromiso que muchos aún recuerdan con respeto.

Un PSOE al borde del colapso moral

Las reacciones en Ferraz han sido frías y medidas. Un comunicado oficial, sin nombres ni apellidos, apelaba a “la presunción de inocencia”. Pero entre bambalinas, la situación es otra. Se habla de crisis interna. De necesidad de refundación. De primarias anticipadas si el caso se agrava.

En paralelo, los barones regionales observan con recelo. El golpe no solo amenaza al aparato central, sino que puede arrastrar consigo al conjunto de las estructuras territoriales si no se actúa con rapidez. Algunos ya piden “oxígeno” y caras nuevas.

Y ahí vuelve a sonar el nombre de Eduardo Madina.

El tablero se mueve

Madina aún no ha dicho nada. Pero su entorno se activa. Se habla de encuentros discretos, de cafés que ya no son tan inocentes. De conversaciones con antiguos dirigentes y militantes desencantados. El caso Cerdán ha abierto una grieta. Y cuando las grietas se ensanchan, surgen liderazgos nuevos… o resucitados.

Mientras tanto, Sánchez guarda silencio. Quizás esperando que la tormenta pase. Pero esta vez, la tormenta lleva nombre y apellidos. Y un uniforme gris en una celda de Soto del Real.

Porque cuando uno de los tuyos entra en prisión, algo se rompe. Y cuando un nombre como Madina vuelve a circular entre pasillos y tertulias, es que alguien está leyendo el final de una era… y el posible comienzo de otra.