FEIJOO

Feijóo paga el precio de sostener a Mazón mientras la crisis de Mompó desata el caos en el PP valenciano

Feijoo y Mazón

El Partido Popular vive en la Comunitat Valenciana su mayor tormenta interna desde la caída de Camps. Lo que comenzó como una gestión desastrosa durante la DANA de octubre de 2024 se ha convertido en un problema político que amenaza con debilitar aún más el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. Su decisión de sostener a Carlos Mazón, pese a las crecientes dudas sobre su papel y el de Vicent Mompó —presidente de la Diputación de Valencia e investigado en la gestión del temporal—, ha provocado una crisis que se extiende desde la plaza de Manises hasta Génova.

La DANA dejó no solo daños materiales, sino una cadena de mentiras políticas. El 29 de octubre de 2024, mientras las lluvias colapsaban comarcas enteras, Mazón aseguró que mantenía “comunicación permanente” con Feijóo y los equipos de emergencia. Las diligencias judiciales abiertas y las declaraciones ante la jueza desmontan esa versión: ni Mazón ni Mompó actuaron con la diligencia que el relato oficial difundió después. Mompó, entonces reconoció haber realizado 53 llamadas ese día —24 personales y 29 institucionales—, aunque ninguna a los mandos de protección civil en las horas críticas. El PSPV ha pedido su imputación por omisión del deber de socorro, mientras el PP insiste en que es un “proceso técnico” sin recorrido penal. En privado, varios dirigentes admiten que su versión “ha ido cambiando” y que la defensa cerrada de Mazón “lo ha arrastrado a un callejón sin salida”.

La sucesión de Mazón —que debía resolverse en el congreso regional de 2025— se ha convertido en un campo minado. En Génova no ven a Mompó como alternativa creíble y fuentes de la dirección nacional reconocen que la crisis “se les ha ido de las manos”. Según explican, Miguel Tellado “minimizó el problema durante meses” y trató de resolverlo “con llamadas y promesas de integración” que nunca llegaron. El resultado es un PP valenciano más dividido que nunca y una dirección nacional observando con impotencia cómo se desangra su federación más poderosa.

En los despachos del partido se barajaron varios nombres para suceder a Mazón sin romper equilibrios: María José Catalá, descartada por su perfil excesivamente local; y Susana Camarero, vicepresidenta del Consell, que pasó de candidata de consenso a síntoma de improvisación tras su célebre “jope, si puedo hacer algo”. El retorno del sector de Francisco Camps sigue vetado por Génova, lo que ha alimentado el malestar interno y bloqueado la celebración del congreso ordinario. “El partido en Valencia está paralizado por miedo”, resume un dirigente autonómico. “Mazón es un lastre peligroso,Mompó no tiene crédito y Feijóo no puede rectificar sin admitir su error”. Feijóo intentó cerrar filas. En noviembre de 2024, apenas una semana después de la DANA, afirmó que “Carlos Mazón me mantuvo puntualmente informado” durante la emergencia. Hoy, esa frase se le vuelve en contra: el sumario y los testimonios prueban que el caos fue absoluto y la comunicación institucional, inexistente. “Sostener a Mazón ha sido un error estratégico”, admite una fuente próxima a Génova. “La crisis valenciana es una grieta seria en el liderazgo de Feijóo”.

El calendario ha jugado en su contra. La semana en que el PP buscaba centrar la agenda en el juicio al fiscal general Álvaro García Ortiz, el caso valenciano volvió a estallar. Los mensajes de apoyo a Mazón desde Génova se han reducido al mínimo y Tellado evita referirse al asunto. En la cúpula popular se respira cansancio y desorientación: nadie se atreve a romper la línea oficial, pero todos asumen que el PP valenciano ha perdido el pulso político que lo convirtió en uno de los pilares del partido. A falta de renovación, el PP valenciano refleja la parálisis de Génova. Feijóo no impone autoridad, Mazón se defiende de sus sombras y Mompó acumula desgaste judicial y político. Los veteranos lo resumen con ironía: “La DANA fue meteorológica, pero el vendaval político lo ha provocado el propio PP”. Feijóo, que buscaba proyectar firmeza y solvencia, ha quedado atrapado en la tormenta que él mismo alimentó. La sucesión de Mazón ya no es solo una cuestión territorial: es el termómetro de un liderazgo agrietado.