Hermann Tertsh (Vox) pierde el norte y asegura que el humorista Quequé "amenazó" y no bromeó con "dinamitar" el Valle de los Caídos
El eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, ha vuelto a protagonizar una de sus ya habituales declaraciones polémicas, esta vez asegurando que el recién procesado humorista Héctor de Miguel no bromeó con la idea de dinamitar el Valle de los Caídos, sino que "amenazó" con hacerlo. Un comentario que no solo resulta surrealista. Así lo ha expresado en la ed social X, antes Twitter, ante el titular de que este cómico de la Cadena SER ha sido procesado por un juez por bromear con dinamitar el Valle.
Esta afirmación de Tertsch surge en un contexto en el que el humorista Héctor de Miguel ha sido procesado por un presunto delito de odio tras bromear en su programa Hora Veintipico de la Cadena SER sobre la posibilidad de destruir el monumento franquista, actualmente renombrado Valle de Cuelgamuros. En su intervención, el cómico ironizaba sobre la simbología del lugar y la polémica en torno a su significado en la actualidad, lo que llevó al colectivo ultracatólico Abogados Cristianos a presentar una querella en su contra.
Un doble rasero evidente
El caso de Héctor de Miguel, que será juzgado por sus palabras en clave de sátira, contrasta de forma evidente con las declaraciones de Hermann Tertsch, quien no solo no ha sido cuestionado por su "amenaza", sino que ha intentado justificarla como un acto consciente, dejando claro que sus palabras no eran una hipérbole ni una exageración.
El humorista defendió ante el juez que sus comentarios eran únicamente humorísticos y que no incitaban a la violencia, algo que parece no haber convencido al magistrado Carlos Valle Muñoz-Torrero, quien ha decidido procesarlo. Mientras tanto, Tertsch, que asegura haber "amenazado" con volar por los aires el monumento franquista, sigue sin ningún tipo de repercusión legal.
El disparate de Tertsch y su papel en la política ultra
Las palabras del eurodiputado de Vox no son un caso aislado dentro de su historial de declaraciones incendiarias. Su retórica beligerante y su tendencia a hacer afirmaciones delirantes ya han sido señaladas en múltiples ocasiones. Lo preocupante no es solo el hecho de que se exprese en estos términos, sino que lo haga desde un puesto de representación pública en el Parlamento Europeo.
En un momento en el que la libertad de expresión en España se encuentra en el punto de mira, con humoristas llevados a juicio por hacer sátira, la postura de Tertsch deja en evidencia un claro doble rasero en la aplicación de la justicia. Mientras unos son procesados por hacer chistes en un programa de radio, otros pueden "amenazar" con dinamitar un monumento sin que pase absolutamente nada.
La cuestión de fondo es clara: ¿se está utilizando la ley para castigar determinadas opiniones mientras otras son ignoradas o justificadas? La respuesta parece inclinarse hacia la conveniencia política de quienes deciden qué discursos se deben perseguir y cuáles no.