El jefe de marketing de Metro, contrariado (y desubicado) porque tiene que dejar de leer el Marca para recibir a Escrivá
La historia de Miguel Oliver es, sin duda, la del camaleón institucional definitivo. De apasionado lector del Marca a gurú del márketing público, pasando por el cargo de director de Comunicación y Márketing en Metro de Madrid, un puesto que, por lo que se ve, no requiere experiencia previa en movilidad, transporte… ni, aparentemente, en márketing.
Ahora, Oliver ha vuelto a dar un giro en su carrera —o silla giratoria, mejor dicho— para asistir ni más ni menos que al ministro José Luis Escrivá en un acto que huele a cruce de galaxias políticas: el evento “Banco de España, cerca de ti”, organizado junto al Gobierno y Metro de Madrid. Porque claro, si algo necesita el Banco de España es estar más cerca de la gente, como los carteles de Metro con banderitas.
El poder del gel y la bandera
Oliver se hizo un nombre —o al menos se hizo notar— con dos hitos inolvidables:
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Los dispensadores de gel hidroalcohólico del Metro de Madrid, cuyo funcionamiento fue tan efectivo como un paraguas en una tormenta horizontal.
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Y por supuesto, su obra maestra: la bandera de España colocada en el rombo de la estación de Plaza de España, el delirio de márketing más patrio que se recuerda en el suburbano madrileño.
Ambas ideas pasaron por la historia del transporte madrileño como un tren fantasma: aparecieron de golpe, dejaron a todos con cara de “¿esto va en serio?” y desaparecieron sin mayor rastro que alguna nota de prensa con palabras como “unidad”, “símbolo” y “nos representa”.
De Garrido a Escrivá: la ruta Cifuentes–Ciudadanos–quién dé más
La supervivencia de Oliver en el ecosistema público es un caso de estudio. Ángel Garrido fue su mecenas desde los tiempos en ABC, lo llevó a la Comunidad de Madrid y luego lo acomodó en Metro como quien coloca a un amigo en la banda del equipo para que no moleste. Con la caída de Ciudadanos, el asiento de Oliver se tambaleó más que el presupuesto de sus carteles, y desde entonces ha optado por la estrategia “me escondo en la maleza” a ver si nadie se da cuenta de que sigo cobrando.
Pero el mundo institucional gira, y ahora Oliver reaparece en público junto al mismísimo ministro Escrivá, con su característica camisa azul del PP, quizás como código QR humano que dice: “estoy disponible otra vez, llamadme”.
¿Y ahora qué?
Según cuentan desde los pasillos de la Comunidad de Madrid, nadie está llorando por la posible salida de Oliver. De hecho, ya hay quien calienta en la banda para ocupar el puesto de director de Comunicación y Márketing de Metro de Madrid. Y esta vez, con suerte, a alguien que haya pisado el suburbano más de dos veces en su vida y no piense que “Marca y Medios” es un máster.
Quien también tiembla es Cristina Sánchez Masa, subdirectora de Relaciones Institucionales y, según se dice, colocada en el cargo por la gracia de Oliver. Su entrada forzada tras la salida de Nuria Santos podría convertirse en una salida aún más forzada si el barco se hunde y no hay ya chalecos de confianza política que la mantengan a flote.
Miguel Oliver ha hecho de su carrera un recorrido por estaciones sin billete ni planificación: Marca, ABC, Metro, Escrivá. ¿La próxima parada? Quizá un rótulo de LinkedIn con #OpenToWork y una bandera de España de fondo.
Porque si algo ha demostrado Oliver, es que da igual el partido, el gobierno o el evento: él siempre encuentra un asiento libre. Aunque sea en la segunda fila, al lado del dispensador que nunca funcionó.