Juan Soto Ivars, sobre la baliza V16: "Cuando salga el caso de la baliza, me reiré"
El debate en torno a la baliza V16 obligatoria sigue creciendo y ya no se limita al ámbito técnico o de la seguridad vial. En las últimas horas, el escritor y columnista Juan Soto Ivars ha avivado la conversación con unas declaraciones muy críticas en las que pone el foco no tanto en el dispositivo en sí, sino en el modelo económico y político que rodea su implantación.
“El caso baliza” como símbolo de desconfianza
En su reflexión, Soto Ivars expresa la sensación de que el denominado “caso baliza” todavía no ha estallado del todo, pero que lo hará. Su argumento parte de una idea central: cuando el Estado obliga a millones de conductores a comprar un producto concreto, alguien necesariamente sale muy beneficiado. Para el escritor, esa combinación de obligatoriedad legal y mercado cautivo resulta, como mínimo, sospechosa desde un punto de vista ético y político.
El autor no cuestiona de forma directa la utilidad del dispositivo ni su función en materia de seguridad, sino el destino del dinero generado por una demanda forzada. Según su planteamiento, el problema no es pagar una multa o cumplir la norma, sino a quién acaba yendo el flujo económico que genera esa obligación.
La figura del “coldo de las balizas”
En el fragmento que más repercusión ha tenido, Soto Ivars ironiza sobre la posibilidad de que exista un beneficiario claro del sistema, al que se refiere de forma metafórica como “el coldo de las balizas”. Con esa expresión alude a Kolgo García, insinuando que, como ha ocurrido en otros episodios recientes de la política española, podría haber un intermediario o figura clave que concentre el beneficio de una decisión pública.
El propio escritor recurre al sarcasmo para subrayar su desconfianza: afirma que, cuando ese supuesto caso salga a la luz, él mismo se lo tomará con humor, incluso aunque haya sido sancionado, porque —en su opinión— lo importante no es la multa, sino no contribuir económicamente a un sistema que considera opaco.
Crítica al modelo, no a la norma
Conviene subrayar que las palabras de Soto Ivars se sitúan en el terreno de la opinión y la crítica política, no en el de la denuncia judicial ni en la acusación formal. En ningún momento presenta pruebas ni señala hechos concretos, sino que plantea una sospecha estructural: la dificultad de creer que una obligación de este calibre no tenga beneficiarios privados muy claros.
Su discurso conecta con un malestar creciente entre parte de la ciudadanía, que percibe con recelo cualquier política pública que imponga la compra de un producto específico en un mercado regulado por el Estado.
Un debate que va más allá de la seguridad vial
Las declaraciones del escritor reflejan que el debate sobre la baliza V16 ha dejado de ser exclusivamente técnico. Ya no se discute solo si es más segura que los triángulos o si funciona mejor en caso de accidente, sino cómo se toman estas decisiones, quién gana con ellas y qué grado de transparencia existe.
En ese contexto, la intervención de Juan Soto Ivars no busca tanto desmontar la norma como cuestionar la confianza en las instituciones y en los mecanismos de adjudicación y negocio que rodean a este tipo de medidas. Un debate que, a la vista de la repercusión de sus palabras, está lejos de cerrarse.