Mazón teme que la "reconciliación" entre Camps y Zaplana fuerce un congreso en el PP para echarle
La política valenciana vive días de alta tensión interna, y el Partido Popular de la Comunidad Valenciana no es la excepción. A la polémica por la gestión del Consell durante la DANA que asoló Valencia en octubre, se suma ahora una imagen que ha generado un auténtico seísmo dentro del partido: Francisco Camps y Eduardo Zaplana, los dos expresidents más controvertidos del PP valenciano, han escenificado su reconciliación en público. Y lo han hecho en un momento especialmente delicado para el actual líder regional, Carlos Mazón, que cada vez tiene más frentes abiertos.
La fotografía, publicada por Levante-EMV, muestra a Zaplana posando su mano en el hombro de Camps, en un gesto cargado de simbolismo político. No es sólo una imagen de cordialidad personal entre dos viejos enemigos; es también una señal directa hacia el actual aparato del partido, encabezado por Mazón, cuya legitimidad empieza a resquebrajarse dentro de ciertas corrientes internas.
El reencuentro de los viejos caudillos: ¿vuelta al tablero?
Camps y Zaplana, dos figuras que marcaron una época en el PP valenciano —y cuyos nombres siguen vinculados a los mayores escándalos de corrupción de la región—, han decidido enterrar el hacha de guerra en lo que muchos interpretan como un intento de recuperar poder y protagonismo dentro del partido. Su aproximación, según ha confirmado el propio Camps, no es puntual: “Hablamos con mucha frecuencia. Analizamos todo lo que ocurre en la política autonómica, nacional y también en la vida interna del partido”, declaró recientemente.
Este reencuentro ha reactivado una idea que lleva semanas sonando con fuerza en algunos círculos conservadores: la convocatoria de un congreso del Partido Popular de la Comunidad Valenciana este verano, un movimiento que podría abrir la puerta a desplazar a Carlos Mazón del liderazgo regional.
Mazón, atrapado entre el pasado y el presente
El gran problema para Mazón es que no puede desmarcarse del todo de sus padrinos políticos. Como recuerdan desde el PSPV, el actual president fue “el hijo político de Zaplana” en sus primeros años dentro del Gobierno valenciano, y más adelante formó parte del Ejecutivo de Camps, cuya etapa está marcada por la judicialización de buena parte de su Consell.
La imagen de la reconciliación entre Camps y Zaplana se convierte así en un espejo incómodo para Mazón, que lucha por mantener su perfil como líder renovador mientras arrastra una mochila pesada. La presión va en aumento, tanto por los errores de gestión recientes —como la respuesta a la DANA, cuya investigación judicial apunta ya a una posible negligencia del Consell— como por el retorno mediático de dos figuras que, lejos de haber sido olvidadas, están rearmándose públicamente.
¿Hacia una batalla interna?
Los actos de Camps por la Comunidad Valenciana, presentando su libro y reuniéndose con cuadros medios del partido, han servido también para tomar el pulso a la militancia. En muchos de estos eventos se ha hablado abiertamente de la necesidad de un congreso regional, algo que podría abrir la puerta a una reconfiguración del liderazgo en el PPCV. Aunque no se habla (al menos de forma oficial) de una candidatura alternativa, la rehabilitación pública de Camps y su sintonía con Zaplana suenan a advertencia directa al actual president.
Como resume el síndic socialista José Muñoz, “esta fotografía no representa el pasado del PP, representa su presente”. La reconciliación entre Camps y Zaplana no sólo remueve fantasmas del pasado, sino que podría desencadenar una crisis interna real en el PP valenciano. Y Carlos Mazón, cada vez más solo entre errores de gestión y viejos aliados que reaparecen, podría convertirse en la primera víctima de esta nueva guerra fría interna.