Rajoy, de la mayoría absoluta a las promesas rotas: impuestos, purgas internas y abandono de la clase media
Mariano Rajoy ha vuelto con su libro El arte de gobernar, pero su legado real merece una mirada crítica. Durante su mandato entre 2011 y 2018, a pesar de contar con una mayoría absoluta, no modificó gran parte de las leyes heredadas de Zapatero y cesó a Gallardón para no tocar la ley del aborto. Además, lanzó advertencias a la militancia: "los que quieran, que se vayan al partido liberal o al partido conservador", lo que fracturó al PP y abrió la puerta a la aparición y consolidación de Ciudadanos y VOX.
Su gestión fiscal incumplió promesas de centro-derecha: subió los impuestos a los nueve días de llegar al Gobierno, afectando especialmente a la clase media, y no redujo ninguno de manera significativa durante su mandato. Rajoy ahora defiende la derogación de leyes de incompatibilidades y critica la fiscalización pública de patrimonios, lo que resulta paradójico frente a su historial de privilegios políticos y puertas giratorias, además de haber situado a Montoro al frente de la política fiscal que exprimió a quien más sostenía el país.
Aunque afirma que “la realidad obliga a hacer cosas que no gustan”, esa frase no puede ocultar que incumplió su programa electoral y renunció a reformas estructurales, dejando en muchos casos la situación igual o peor para millones de españoles. Gobernar, según él, es decidir. Pero Rajoy demostró también que gobernar puede ser decidir no cumplir lo prometido.
Aquí es donde entra Alberto Núñez Feijóo. Cada vez que el líder del PP rescata a Rajoy para dar imagen de “institucionalidad”, los resultados son caóticos: se reactiva el recuerdo de las promesas incumplidas, los recortes mal aplicados y los impuestos desmedidos. La herencia política de Rajoy es, precisamente, uno de los mayores obstáculos que Feijóo tiene para llegar a la Moncloa.
Porque si el maestro fue experto en prometer una cosa y hacer la contraria, el alumno ha demostrado ser diligente en seguir el mismo método: ambigüedad calculada, discurso templado, pero ausencia de compromisos concretos y de reformas valientes. Feijóo no está pagando los errores del pasado: está repitiéndolos.
Rajoy presenta su libro como un compendio de sabiduría política. Pero lo que deja tras él es un país donde la clase media fue sacrificada, las reformas se aplazaron y el centro político se vació. Una herencia que hoy, lejos de fortalecer al Partido Popular, le pesa como un lastre cada vez que intenta recuperar la confianza de aquellos a quienes se les dijo una cosa y se les hizo exactamente la contraria.