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Santiago Abascal hace el ridículo ante sus votantes al apoyar a Trump mientras revoca permisos a Repsol

Santiago Abascal

La escena es, cuanto menos, incómoda. Mientras Donald Trump lanza una nueva ofensiva comercial que golpea directamente a los intereses económicos de España, el líder de Vox, Santiago Abascal, guarda un silencio tan sonoro como revelador. No hay tuits, no hay declaraciones, no hay ni siquiera una mínima crítica hacia quien, hasta hace muy poco, consideraban un referente ideológico.

El expresidente estadounidense, que aspira a regresar a la Casa Blanca en noviembre, ha notificado la cancelación de los permisos especiales que permitían a varias compañías petroleras operar en Venezuela, entre ellas la española Repsol. Una medida que deja a la empresa española en una posición complicada, al tener que liquidar sus operaciones en el país latinoamericano antes de que termine mayo.

La medida no llega sola. Trump ha anunciado también un arancel del 25% para todos los países que compren crudo venezolano, en una maniobra que pretende asfixiar aún más al régimen de Nicolás Maduro, pero cuyas consecuencias colaterales castigan directamente a empresas extranjeras, incluida una con peso clave en la economía española.

Lo más llamativo de todo es que esta estrategia de sanciones no es nueva, pero sí lo es la intensificación del castigo a empresas que, hasta ahora, contaban con excepciones otorgadas durante la administración de Joe Biden. Repsol, por ejemplo, había conseguido operar legalmente en Venezuela sin incurrir en sanciones, gracias a estas licencias. Pero ahora, todo eso queda anulado con una firma.

¿Y qué dice Vox al respecto? Nada. Ni una palabra. Ni una crítica. Ni una defensa de los intereses españoles en el exterior. Y eso que hablamos de una empresa como Repsol, con fuerte implantación nacional, miles de empleos directos e indirectos, y una posición estratégica para la seguridad energética de España.

Ese silencio incomoda, porque deja al descubierto el ridículo político e ideológico en el que ha caído el partido de Abascal. Durante años, Vox ha venerado la figura de Trump, lo ha presentado como un modelo a seguir, un líder fuerte, sin complejos, capaz de plantar cara al “globalismo”, a la inmigración y a la corrección política. Pero ahora, cuando ese mismo líder toma decisiones que perjudican a España, Vox opta por mirar hacia otro lado.

El problema no es solo la contradicción, sino la falta de valentía política para romper con un referente cuando deja de servir a los intereses propios. Vox, que tantas veces se presenta como el partido que "dice las cosas claras", ahora calla. Porque sabe que denunciar públicamente las decisiones de Trump implicaría romper con uno de sus pilares discursivos más sólidos.

Mientras tanto, Repsol se ve obligada a preparar una salida forzosa de Venezuela. La estadounidense Chevron también ha sido expulsada, y otras petroleras como la italiana Eni, la francesa Maurel & Prom o la india Reliance Industries están igualmente afectadas. Pero para España, la afectada es Repsol, y eso debería preocupar —y mucho— a cualquier fuerza política que se proclame defensora de los intereses nacionales.

La situación aún puede escalar. La orden ejecutiva de Trump no solo prohíbe operar en Venezuela, sino que impone penalizaciones económicas a cualquier país que compre su petróleo, lo que podría tener efectos secundarios en el precio de la energía y en la economía global. Y mientras eso ocurre, en Vox siguen sin pronunciarse. Porque no saben cómo justificar que el “amigo Trump” actúe contra una de las principales empresas españolas.

Al final, la realidad ha puesto a prueba la coherencia ideológica de Santiago Abascal. Y de momento, esa prueba la está suspendiendo con estrépito. Defender lo español —cuando conviene— ya no cuela. Porque cuando hay que elegir entre la lealtad ciega a un ídolo extranjero o la defensa de una empresa nacional, la elección debería ser obvia.

Pero en Vox, al parecer, prefieren tragar con todo antes que romper el póster de Trump que tienen en la pared.