Seis años cerrado el IES Ana Frank de Aravaca mientras la concejala Maíllo critica que el Palacio de Congresos siga cerrado

IES ANA FRANK

En Aravaca, uno de los barrios más acomodados de Madrid, estalla la indignación ante la paralización del IES Ana Frank, el primer instituto público de secundaria del distrito. Aunque el edificio está terminado desde el año pasado y los profesores ya tienen sus plazas adjudicadas, los alumnos siguen sin poder pisar sus aulas, obligando a más de 200 estudiantes a desplazarse diariamente a otros centros durante casi siete años.

Decenas de padres, madres y jóvenes se concentraron frente a la verja del instituto para exigir que se cumpla la demanda histórica de un centro público en un barrio plagado de colegios privados y concertados. “Toda una vida esperando un instituto público en Aravaca y ahora que está construido todavía no se puede usar”, señalaba Fabiana Aguilar, presidenta de la AMPA y madre de alumnas afectadas, mientras los vecinos se resguardaban de la lluvia bajo paraguas, mostrando el cansancio acumulado de años de espera.

La situación se remonta a 2019, cuando la Consejería de Educación creó el IES Ana Frank únicamente como figura jurídica, sin edificio, funcionando de manera provisional en espacios cedidos por otros centros. Desde entonces, una sucesión de prórrogas y retrasos administrativos ha impedido la apertura del centro, convirtiéndolo en un “instituto fantasma” que genera desplazamientos diarios de hasta una hora para alumnos que deberían recibir educación secundaria en su propio barrio.

Lo que ha exacerbado la indignación de los vecinos son las recientes declaraciones de la concejala Almudena Maíllo, que ha criticado que el Palacio de Congresos de Castellana siga cerrado, mientras no se pronuncia sobre la situación del IES Ana Frank. Para los residentes, la contradicción es evidente: mientras Maíllo se centra en proyectos turísticos y culturales, la educación pública en Aravaca sigue ignorada. “Nos indigna ver cómo critican otras cosas mientras nuestro instituto lleva años cerrado”, comentan padres y madres de los alumnos afectados.

La rutina diaria del alumnado sigue marcada por desplazamientos innecesarios, los estudiantes deben esperar cada mañana frente a su instituto y tomar un autobús que los lleva a otro centro, con trayectos de 30 a 60 minutos. Esta provisionalidad crónica ha generado un malestar profundo y una sensación de desigualdad en un barrio con una abundancia de colegios privados y concertados, donde los alumnos que dependen de la educación pública quedan sin acceso a un centro adecuado.

Las familias denuncian que los supuestos trámites pendientes con las contratas eléctricas no justifican más de seis años de retraso. “Si es solo un papel, ¿por qué no lo firman?, ¿por qué no abrimos el instituto?”, pregunta Fabiana Aguilar, reflejando la frustración generalizada. La protesta no solo reclama la apertura inmediata del centro, sino también una priorización política real de la educación pública, frente a la atención que se da a otros proyectos del Ayuntamiento.

El caso del IES Ana Frank evidencia la desconexión entre las prioridades municipales y las necesidades reales de los vecinos. Mientras Almeida y su equipo promocionan macroeventos, ferias y la exigen la reapertura de espacios emblemáticos como el Palacio de Congresos, los residentes de Aravaca llevan años esperando que la educación pública llegue a su barrio, y ahora exigen que las promesas se traduzcan en acción concreta.