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El Ventorro retira su cartel tras salir que Mazón estuvo "desaparecido" hasta las 19:43

El cartel del restaurante

Lo que durante décadas fue un restaurante tradicional y discreto en el corazón de Valencia, hoy se ha convertido en el símbolo involuntario de una crisis de imagen. El restaurante El Ventorro, ubicado en la esquina de las calles Tertulia y Bonaire, ha decidido retirar su cartel identificativo tras semanas de exposición mediática y una avalancha de curiosos que se acercan para hacerse selfies en la puerta. Todo comenzó el 29 de octubre de 2023, el mismo día en que una DANA arrasaba municipios de la Comunidad Valenciana, dejando 225 víctimas mortales solo en la provincia de València.

Mientras la tragedia golpeaba con fuerza, el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, compartía mesa con la periodista Maribel Vilaplana en este local de solera, situado a escasos metros del Palau de la Generalitat. Lo que parecía una comida más ha derivado en un foco de especulación, indignación y escarnio público, tanto por el contexto como por el propio lugar elegido.

De templo gastronómico a objeto de sospechas

El Ventorro ha sido durante años un referente de la cocina tradicional valenciana, con sus azulejos antiguos, su mobiliario de madera y una carta honesta, sin artificios, dirigida por Alfredo Romero, nieto de los fundadores. Sin embargo, en las últimas semanas, el restaurante ha sido señalado no solo por la polémica comida, sino también por lo que algunos califican como "oferta paralela" de servicios.

Diversos periodistas e incluso figuras políticas, como el exdirigente del PP José Luis Bayo, han aludido a que El Ventorro no es únicamente un restaurante: en su planta superior se ofrecen habitaciones por horas, un detalle que ha alimentado aún más la controversia sobre el carácter real del encuentro entre Mazón y Vilaplana.

El silencio de Mazón y la presión mediática

Desde que se conoció el almuerzo, Carlos Mazón ha evitado profundizar en lo ocurrido aquel martes. Mientras tanto, los medios y las redes sociales no han dejado de preguntarse qué se debatía en esa mesa mientras una emergencia histórica asolaba la comunidad. La elección del lugar, íntimo y apartado, no ha ayudado a disipar dudas. Al contrario: ha convertido a El Ventorro en el epicentro de una narrativa donde la imagen pública, la ética institucional y el contexto trágico chocan frontalmente.

Un negocio tocado por la sobreexposición

Lo que en otro momento fue visto como un rincón acogedor y entrañable, hoy sufre las consecuencias de una publicidad no deseada. Los propietarios, agotados por el incesante flujo de curiosos y las connotaciones que ya acompañan al nombre del local, han optado por eliminar cualquier rastro visual del cartel del restaurante, buscando recuperar algo del anonimato perdido.

“Siempre fue un sitio tranquilo, íntimo, con clientela fiel… ahora parece una atracción turística más de València”, lamentan quienes conocen el local desde hace años.

¿Comida, coincidencia o algo más?

La historia de El Ventorro, que comenzó en 1967 con el sueño de una familia por ofrecer buena comida, hoy se mezcla con una polémica política que sigue generando titulares. En un momento en que la ciudadanía exige transparencia, responsabilidad y empatía institucional, el eco de una comida desafortunada —por su momento y su lugar— sigue resonando en los pasillos del poder y en los rincones más castizos del centro de Valencia.