El Corte Inglés se equivoca en el envío y vive un infierno para devolver el producto
El Corte Inglés, uno de los gigantes del comercio en España, vuelve a estar en el punto de mira por un problema que, a estas alturas, debería estar más que resuelto: la gestión de devoluciones online. Una reciente queja de un cliente refleja una experiencia frustrante y absurda que evidencia las grietas del sistema de atención postventa de la compañía.
El pasado 30 de mayo, el cliente en cuestión recibió un paquete de una compra online... pero el artículo recibido no era el que había solicitado. En lugar de encontrar facilidades para solucionar el error, se vio atrapado en un auténtico laberinto de trámites, contradicciones e inacción.
Un servicio que desorienta más que ayuda
Según explica en su queja, el mismo día del error se puso en contacto con Atención al Cliente para informar de lo ocurrido y, de forma proactiva, se ofreció a enviar fotografías para demostrar que el producto entregado no era el correcto. Respuesta del servicio: no hace falta.
Sin embargo, días después –cuatro, para ser exactos– recibió un correo exigiendo esas mismas fotografías que antes no eran necesarias. Un cambio de criterio sin explicación, pero no el único.
Un pedido fantasma
Cuando por fin le indican que puede devolver el artículo, se encuentra con una nueva sorpresa burocrática digna de Kafka: no puede tramitar la devolución porque el pedido todavía no aparece como “entregado” en el sistema de El Corte Inglés, a pesar de que el seguimiento de la empresa de transporte confirma que el paquete fue entregado el 30 de mayo.
Así, aunque el producto ya está en sus manos –y es incorrecto–, no puede devolverlo porque para el sistema... aún no existe. Ante esta contradicción, el cliente recurre de nuevo al chat y al correo electrónico del servicio de atención, donde le comunican que le han abierto otra incidencia. Y vuelta a empezar.
El cliente como rehén del sistema
Lo más preocupante del caso no es el error puntual en el envío, algo que puede ocurrirle a cualquier empresa. Lo realmente grave es la ausencia de protocolos claros, ágiles y eficientes para resolverlo. El cliente se convierte en rehén de un sistema que no se comunica internamente, que contradice sus propios pasos y que hace perder el tiempo a quien solo quiere devolver un producto que no ha pedido.
En 2025, con la experiencia de miles de pedidos diarios y una estructura comercial sólida, cabría esperar que El Corte Inglés tuviera automatizados y pulidos los procedimientos de devolución. Sin embargo, casos como este muestran que la digitalización no siempre viene acompañada de eficiencia.
¿Un problema aislado o una práctica recurrente?
Esta experiencia no es única. En foros de consumidores, redes sociales y plataformas de reclamaciones abundan los testimonios de clientes que han tenido problemas similares con devoluciones, reembolsos o errores en pedidos. La lentitud en las respuestas, la falta de seguimiento y los criterios cambiantes en la atención al cliente son quejas recurrentes.
Y lo más preocupante: las soluciones no llegan, o lo hacen tarde y mal.
Mientras el comercio online sigue creciendo y los consumidores valoran cada vez más la agilidad, la claridad y el buen servicio, gigantes como El Corte Inglés deberían tomar nota. Porque cada experiencia como esta no solo representa una devolución mal gestionada, sino un cliente menos y una reputación digital que se resiente.
En la era de la inmediatez, hacer bien las cosas no es un lujo, es una necesidad. Y quienes no se adapten, lo pagarán caro.