CAIXABANK

“Más de 20 años con Caixabank y ahora me siento como una delincuente”

Caixabank

Una mujer de 63 años, con más de dos décadas de antigüedad como clienta, ha denunciado públicamente el trato recibido en una sucursal bancaria de Cantabria. Según su testimonio, tras trasladarse desde Cataluña hace tres años, solicitó el cambio de su cuenta a su lugar de residencia actual, pero la entidad no habría gestionado correctamente el trámite.

Un traslado de cuenta que nunca se efectuó

La afectada asegura que, en el momento de su mudanza, pidió el traslado de su cuenta y confió en que la sucursal lo gestionaría. Sin embargo, tiempo después descubrió que no se había realizado. Al contactar con su oficina de origen, le indicaron que bastaba con que la nueva sucursal gestionara el cambio.

Pese a ello, asegura que el proceso nunca se completó y que ha tenido que insistir en varias ocasiones.

Una llamada que la dejó “estupefacta”

La clienta relata que, esta misma semana, recibió una llamada desde su oficina actual en Cantabria. Según explica, la directora se dirigió a ella de manera “grosera y violenta”, no solo para rechazar su solicitud de traslado, sino para advertirle de que ninguna sucursal en Cantabria aceptaría su petición.

Me he sentido como si fuese una delincuente a mis 63 años”, lamenta.

Una trayectoria de cliente intachable

La mujer destaca que jamás ha tenido problemas con la entidad a lo largo de más de veinte años de relación. Por ello, el tono de la conversación y la negativa de la sucursal le han causado indignación y sorpresa.

¿En esto se ha convertido la banca?”, se pregunta, denunciando lo que considera una falta de respeto hacia los clientes de larga trayectoria.

Una experiencia marcada por el desarraigo

Más allá del incidente bancario, la afectada también recuerda su experiencia personal tras mudarse a Cataluña en 2003, donde asegura que sufrió rechazo social y su hija fue víctima de bullying en el colegio. Una vivencia dolorosa que, según explica, le hace reflexionar sobre cómo en distintos lugares ha sentido la presencia de lo que califica como “mala gente”.