El montaje de muebles de Ikea funciona fatal: lo cuenta este cliente
Lo que debía ser una simple compra con servicio de montaje incluido terminó convirtiéndose en una experiencia agotadora y frustrante para un cliente de IKEA, que ha visto cómo, una y otra vez, su pedido quedaba incompleto, pospuesto y, finalmente, ignorado, a pesar de haber pagado por adelantado el servicio y haber seguido todos los pasos indicados por la compañía sueca.
La historia comienza el 24 de febrero de 2025, cuando el afectado realizó un pedido a través de la web oficial de IKEA, incluyendo el servicio de montaje ofrecido por la propia empresa. El primer problema surgió en la fecha señalada para la instalación: 21 de marzo. Tras casi un mes de espera, el cliente recibió un correo la noche anterior, avisando de un supuesto retraso. Finalmente, el mismo día de la cita, se le informó de que el montaje no se realizaría.
Este imprevisto no solo rompía la planificación del cliente, sino que también le causó un perjuicio directo, ya que tuvo que pedir un día libre en su trabajo para estar presente en casa, como IKEA exige para este tipo de servicio. Lejos de encontrar comprensión, el primer contacto con el servicio de atención al cliente se saldó con un trato que califica de "soberbio". Le dijeron, sin tapujos, que "IKEA no tiene nada que ver con el montaje", a pesar de que el pago y la contratación se realizaron directamente desde su plataforma online.
No dispuesto a dejarlo pasar, el cliente volvió a contactar el lunes 24 de marzo. En esta ocasión, el trato fue más cordial y se le ofreció una nueva cita para el 28 de marzo. Pero la historia se repitió. El jueves por la tarde, nuevo correo: el montaje volvía a cancelarse sin motivo claro.
Lejos de rendirse, el afectado volvió a contactar ese mismo día a las 20:00 h. y logró que le fijaran una tercera cita para el lunes 31 de marzo de 2025. La esperanza duró poco. Llegado el día, nadie se presentó y tampoco recibió ninguna explicación.
El caso, que podría parecer uno más de mala logística, toma un cariz especialmente delicado cuando el cliente explica que ha pasado por tres cirugías de columna lumbar en los últimos cuatro años, lo que le impide físicamente montar los muebles por sí mismo. Es decir, necesita ese servicio, no es un capricho ni una comodidad extra.
A día de hoy, su salón permanece inutilizado desde el 18 de marzo, lleno de cajas que no puede mover ni montar por sus propios medios. Lleva más de un mes conviviendo con un espacio inutilizable, a pesar de haber pagado por un servicio que IKEA sigue sin cumplir.
Este caso pone de manifiesto una desconexión evidente entre IKEA y sus subcontratas, que deja al cliente en tierra de nadie: paga a IKEA, contacta con IKEA, pero cuando las cosas salen mal, nadie asume la responsabilidad. La falta de empatía, la ausencia de explicaciones y la reiteración de fallos logísticos convierten esta experiencia en algo más que una anécdota: es un ejemplo preocupante de cómo una gran marca puede fallar en lo más esencial.
La historia aún no tiene final. Pero lo que sí está claro es que el cliente ha perdido tiempo, salud y dinero, mientras espera que alguien en IKEA se digne a cumplir con lo prometido: montar unos muebles por los que ya ha pagado.