Se tira meses sin poder devolver su barbacoa defectuosa porque Caixabank solo envía a un operario a recogerla: "Pesa más de 100 kg"
Lo que debía ser una simple compra de una barbacoa a través de una oficina de CaixaBank, terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla para un cliente con más de 40 años de fidelidad a la entidad. El caso, que ha sido difundido en redes sociales, evidencia una preocupante falta de implicación y atención al cliente por parte del banco, especialmente en situaciones que involucran servicios externos gestionados desde sus propias oficinas.
Todo empieza con una barbacoa defectuosa… y la indiferencia
El cliente relata que adquirió una barbacoa valorada en casi 1.000 euros directamente en una oficina de CaixaBank, a través de uno de sus gestores. Desde el momento de la entrega, el producto llegó dañado, algo que fue comunicado inmediatamente con fotos y vídeos. La solicitud era clara: un cambio o devolución del producto defectuoso.
Sin embargo, cinco meses después, no solo no se ha resuelto el problema, sino que la entidad se ha desentendido del asunto, remitiendo toda responsabilidad a una empresa externa. A pesar de que la compra se tramitó desde la propia oficina, con empleados del banco, CaixaBank se ha limitado a derivar la situación a terceros, sin ofrecer una solución real ni intermediar eficazmente.
Imposibilidad de devolución y pagos en curso
El problema se agrava cuando se descubre que el banco ha seguido cobrando las mensualidades de un producto que no puede utilizarse. A esto se suma que los intentos de recoger la barbacoa dañada han fracasado, ya que la empresa solo envía a una persona para un paquete que supera los 100 kilos. Una logística claramente insuficiente y mal organizada.
Una entidad que presume de cercanía… ¿pero actúa con indiferencia?
El caso ha encendido la crítica en redes sociales y foros de consumidores, especialmente por el contraste entre la imagen que CaixaBank intenta proyectar —una entidad cercana, moderna y comprometida con sus clientes— y el trato recibido por este usuario. Después de cuatro décadas confiando en el banco, el afectado considera que la pasividad de la entidad resulta decepcionante.
¿Dónde queda la responsabilidad?
Este tipo de situaciones plantean una cuestión de fondo: ¿qué grado de responsabilidad tiene una entidad bancaria cuando intermedia en la compra de productos? Si el cliente formaliza la operación desde la propia oficina y con personal de CaixaBank, ¿no debería la entidad ofrecer garantías y asumir cierto grado de responsabilidad en caso de problemas?
Lo cierto es que este caso no solo refleja una experiencia individual frustrante, sino también un modelo de gestión postventa ineficaz y deshumanizado. A medida que los bancos diversifican su oferta hacia productos no financieros, crecen también las exigencias sobre su capacidad para dar una respuesta responsable, ágil y orientada al cliente.
Cinco meses sin solución, un producto inservible y pagos que siguen cayendo cada mes. Una historia que deja en evidencia lo que puede pasar cuando la venta se prioriza por encima del servicio.