Pagar multas sí, hacer trámites no: el problema de las citas en las oficinas de la DGT
Las oficinas de la DGT vuelven a estar en el centro de la polémica. En los últimos meses, conductores de distintas provincias denuncian una situación que consideran incomprensible: sedes prácticamente vacías, pero sin posibilidad de conseguir cita previa para realizar trámites básicos.
La escena que ha vuelto a encender el debate se ha producido en Valladolid, donde un conductor grabó un vídeo dentro de la sede provincial mostrando mesas y sillas desiertas, mientras quienes acudían a realizar gestiones seguían sin poder ser atendidos si no tenían cita previa.
Oficinas vacías, pero sin atención presencial
Según denuncian muchos usuarios, desde la pandemia de Covid-19 la Dirección General de Tráfico cambió radicalmente su modelo de atención. Las oficinas cerraron temporalmente y la mayoría de trámites pasaron a depender de cita previa y servicios digitales.
El problema, explican los conductores, es que ese sistema se ha mantenido incluso cuando las oficinas ya están abiertas, lo que provoca situaciones que muchos califican de absurdas: acudir físicamente a una sede de la DGT y encontrarse con instalaciones prácticamente vacías pero sin posibilidad de ser atendido.
La única gestión que, según los usuarios, puede hacerse sin demasiados obstáculos es pagar multas. Para el resto de trámites —cambios de titularidad, duplicados de permisos, informes de vehículos o gestiones relacionadas con el carnet— la administración sigue remitiendo a la cita previa o a los canales telemáticos.
La digitalización de la DGT, en el punto de mira
Uno de los pilares de este modelo es la aplicación miDGT, diseñada para centralizar trámites digitales. Sin embargo, muchos conductores aseguran que la herramienta lleva años acumulando fallos.
Entre los problemas más señalados están:
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Colapsos del sistema, como ocurrió durante el registro de patinetes eléctricos.
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Errores en la información de vehículos, donde algunos usuarios veían coches que no eran suyos o desaparecían los que sí estaban a su nombre.
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Dificultades de acceso o funcionamiento irregular.
Estas incidencias han provocado que, en lugar de simplificar los trámites, la digitalización se convierta para algunos usuarios en una barrera adicional.
Un sistema especialmente complicado para los conductores mayores
Las críticas también apuntan al impacto que este modelo tiene en conductores de mayor edad. Para muchos de ellos, realizar gestiones exclusivamente por internet resulta complicado o directamente imposible.
Ante esa situación, numerosos usuarios terminan recurriendo a gestorías privadas, que se encargan de tramitar los procedimientos administrativos. Esto implica un coste adicional para gestiones que, en teoría, deberían poder realizarse directamente con la administración.
La dificultad para conseguir cita previa
Otro de los puntos más polémicos es la imposibilidad práctica de conseguir cita previa en algunas provincias. Conductores que intentan reservar una cita para trámites relacionados con su permiso o con su vehículo se encuentran con que no hay disponibilidad durante semanas o meses.
En algunos casos, el sistema incluso redirige a oficinas de otras ciudades, lo que complica aún más la situación para quienes necesitan resolver un trámite de forma urgente.
Un modelo que genera debate
La situación ha reabierto el debate sobre cómo debe gestionarse la digitalización de los servicios públicos. Muchos usuarios consideran que la modernización es necesaria, pero advierten de que no debería sustituir completamente la atención presencial.
Para los conductores afectados, el problema no es solo tecnológico. También señalan que las oficinas públicas deberían seguir ofreciendo un servicio directo a los contribuyentes, especialmente cuando las alternativas digitales no funcionan de forma estable.
Mientras tanto, el vídeo grabado en la sede de Valladolid se ha convertido en un símbolo de la frustración de muchos usuarios: oficinas abiertas, pero sin atención, en un sistema donde conseguir una simple cita previa puede convertirse en un trámite casi imposible.