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Abascal aborda a jóvenes por la calle para recuperar su "apoyo" ante la crisis interna y la investigación por financiación ilegal

Santiago Abascal
Santiago Abascal

VOX atraviesa una de las mayores crisis de su historia, lo que pone en duda su capacidad para sostener alianzas con el Partido Popular y sus posibilidades en futuros escenarios de gobierno. Mientras el PP sufre un estancamiento en las encuestas y en la Comunidad Valenciana retrocede hasta la tercera posición, las crisis de VOX podría debilitar seriamente la alternativa de derecha en España.

Uno de los principales focos de crisis para VOX es la reciente investigación de la Fiscalía Anticorrupción por presunta financiación irregular. Se han abierto diligencias por el supuesto uso indebido de recursos, incluyendo donaciones irregulares y un entramado societario que podría haber desviado millones de euros. La polémica ha golpeado con fuerza la credibilidad del partido, aparte de la ola de dimisiones y expulsiones que se ha intensificado en los últimos dos años. Entre los casos más sonados, en Valencia dos concejales han abandonado la formación para sumarse al grupo mixto, lo que ha supuesto la pérdida de la mayoría de gobierno en el Ayuntamiento. Este es solo un ejemplo de la fuga de varios cientos de cargos municipales y autonómicos, que prefieren desmarcarse de la crisis interna y evitar ser arrastrados por el descrédito creciente de la formación.

En Navarra, la situación de VOX se torna aún más delicada. La reciente decisión de una diputada de la formación de abandonar el partido podría dejar a VOX fuera de la institución. Este hecho ha encendido las alarmas dentro del partido y ha llevado a Santiago Abascal a movilizarse activamente para intentar contener la crisis. Como muestra de ello, el líder de VOX ha publicado un video en el que se le ve siendo aclamado y querido en sus recorridos públicos, en un intento por demostrar que su liderazgo sigue contando con apoyo popular. Sin embargo, este esfuerzo mediático no logra ocultar la gravedad de la crisis interna ni el creciente desgaste de su imagen.

Santiago Abascal ha visto cómo su imagen se deteriora rápidamente. Sus ataques a antiguos aliados y seguidores han generado una fractura en la base del partido. Uno de los episodios más polémicos ha sido su enfrentamiento con el teniente general Gan Pampols, a quien calificó de "traidor" tras aceptar un puesto en el gobierno de Carlos Mazón y matizar que las ayudas europeas requieren tiempo para ser tramitadas. Estas declaraciones han causado indignación entre sectores conservadores y militares que hasta ahora apoyaban a VOX. Además, el partido ha protagonizado recientes enfrentamientos con miembros del ejército que han ocupado puestos en la formación, llegando a insultar a militares de honor con la misma agresividad con la que un parroquiano discute en la barra de un bar. Estos desplantes han alejado a sectores clave que anteriormente simpatizaban con el partido.

Otro punto de controversia ha sido la defensa incondicional de Abascal a Donald Trump, incluso cuando el presidente estadounidense ha impuesto aranceles que perjudican a las empresas españolas que exportan a Estados Unidos. Esta postura ha generado críticas entre sectores económicos y empresariales, que ven en VOX una amenaza para los intereses comerciales de España. Además, la posición del partido respecto a la OTAN y la defensa conjunta europea ha despertado dudas sobre su compromiso con la seguridad y la estabilidad del continente.

La crisis de VOX puede abrir un vacío en la política española. La derecha tradicional del PP atraviesa un momento de debilidad, agravado por el empecinamiento de Feijóo en apoyar a Mazón, la incoherencia en su mensaje, la dureza con la que exige responsabilidades a otros sin aplicarlas en su propia formación y una política centrada en la figura de Pedro Sánchez y la corrupción del PSOE, olvidando la del PP de Aguirre, Rajoy, Ignacio González, Bárcenas, Gürtel y Púnica entre otras. Mientras tanto, VOX se desgasta en disputas internas y estrategias erráticas. La falta de un partido de centro-derecha moderado, que se enfoque en los problemas reales de los ciudadanos y de España sin caer en una guerra constante contra la izquierda, se hace cada vez más evidente.

En este contexto, empiezan a surgir movimientos internos dentro de VOX con el objetivo de crear una alternativa política que sustituya al partido de Abascal. Sin embargo, la incertidumbre es alta y los sectores que apostaban por una coalición PP-VOX comienzan a cuestionar si esa alianza será viable en el futuro.

Por ahora, la ultraderecha española se enfrenta a una encrucijada en la que debe reinventarse para evitar caer en el caos y la apatía de la sociedad española, que amenaza con llevarla a la irrelevancia política.