Muere el dueño de Allora Gastrobar, uno de los iconos gastronómicos de Tres Cantos

allora gastrobar tres cantos
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El dueño del restaurante y cocinero, camarero y relaciones públicas, Franco, ha fallecido, según ha podido saber Odio el Bacalao por sus fuentes en el madrileño municipio de Tres Cantos. Una noticia que, sin duda, deja huérfanos a todos aquellos que  disfrutan de una buena ruta de tapas por la zona.

La Avenida de Viñuelas de Tres Cantos se ha convertido, en los últimos años, en una calle de referencia para dar un paseo y tomar algo con amigos o familia, Y es que la oferta gastronómica de la zona no ha dejado de crecer, con nuevos locales como El Tintineo, que se une a otros viejos conocidos como el Maricarmen. 

Locales entre los que, desde hace años, destacaba el Allora, gestionado por su dueño, Franco.

Y es que este italiano se ganó con los años a muchos de los comensales tricantinos. Especialmente, por sus tapas, incluidas con la bebida, que se salían de la norma de patatas fritas, aceitunas, y una loncha de chorizo sobre un pan rancio.

Todo lo contrario. Tapas recién hechas, variadas, y siempre con una tapa del día que conseguía sorprender. Y todo ello, ofrecido con una sonrisa del propio Franco, así como de todo el equipo que confirmaba el Allora, si bien los últimos años tuvo algunos problemas en cuanto al servicio a las mesas.

Pero las tapas nunca fallaban. Salmorejo, profiterol de hamburguesa, ensaladilla rusa, tosta de cabrales con jamón, ferrero de morcilla... muchas eran las opciones, tanto frías como calientes, que se podían pedir con la bebida.

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Algo a lo que se  sumaban platos principales tan auténticos y funcionales como  la hamburguesa o el risotto, uno de nuestros favoritos, sin duda, de la oferta del local. 

Una oferta gastronómica que sorprendía. Hecha con cariño y buen gusto que, ahora, se quedará en el recuerdo de los tricantinos.

Y es que Franco ha muerto.

Y con él, cierra el Allora. Al menos, tal y como lo conocíamos hasta ahora. El local, hasta  la fecha, se mantiene cerrado. Posiblemente, a la espera de encontrar un nuevo dueño que continúe, esperemos, con esta ya tradición de ofrecer un buen producto a un buen precio a los comensales. 

Un relevo del que de momento se desconoce si se hará realidad, recuperando así el local su actividad. De momento, las sillas se mantienen arriba, la puerta cerrada, mientras que los tricantinos siguen mirando al local con añoranza. Muchos de ellos, como la que escribe estas líneas, esperando a ver a Franco una vez más en la puerta, saludándote en italiano con su característico acento, entre queso de cabra con mermelada y caramelos de picadillo.