ALBERT RIVERA

Albert Rivera empieza su quinto trabajo al no ser capaz de medrar en ninguno tras salir de la política

Albert Rivera
Albert Rivera

Desde que abandonó la política en 2019, Albert Rivera no ha dejado de cambiar de ocupación. Su currículum tras salir de Ciudadanos parece más una sucesión de intentos que un camino firme, y su última incursión profesional es una muestra más de que el exlíder naranja sigue sin encontrar su sitio fuera del Congreso.

Ahora, Rivera aparece como director de varios másteres en la Universidad Tecnológica del Atlántico-Mediterráneo (UTAMED), la primera universidad a distancia de Andalucía. Bajo el lema "Si sabes comunicar, eres poderoso", se presenta como experto en oratoria y liderazgo. Un papel que encaja con su perfil político... pero que vuelve a estar rodeado de esa sensación de reinvención constante que ha marcado su vida profesional reciente.

De la política al despacho… y a los tribunales

Tras su abrupta salida de la política, Rivera fichó por el despacho de abogados Martínez-Echevarría, donde llegó como presidente ejecutivo. El idilio duró poco. Las tensiones internas y las acusaciones de que “no trabajaba lo suficiente” terminaron en un conflicto legal y una marcha poco elegante. Desde entonces, Rivera ha protagonizado un goteo constante de nuevos proyectos: su propio despacho (RV Estrategia SL), una asociación con el Club Raheem, e incluso charlas como conferenciante en Thinking Heads.

Pero ninguno de esos proyectos ha terminado de despegar o consolidarse, y ahora suma otro más: la dirección de másteres en una universidad privada de reciente creación. ¿Un nuevo comienzo? ¿O un parche más en una carrera que no termina de cuajar?

Mucho título, poco recorrido

En su presentación como director de máster, UTAMED lo describe como “consultor, empresario, conferenciante internacional y formador de directivos en estrategias de comunicación”, además de recordar su reconocimiento como Young Global Leader por el Foro de Davos en 2018. Sin embargo, a pesar de los grandes titulares, lo cierto es que pocos de sus pasos empresariales han conseguido estabilidad o impacto real.

Incluso cuando lanzó su propio despacho, lo hizo alquilando espacios de coworking, hasta encontrar finalmente una oficina tras aliarse con socios externos. Y si bien es cierto que ha cultivado contactos en América Latina, especialmente en República Dominicana, tampoco eso ha derivado en proyectos de gran visibilidad.

Sin rumbo claro

Lo que en su momento fue uno de los políticos más prometedores del panorama español —fundador de un partido que llegó a aspirar a liderar el Gobierno—, se ha convertido en un profesional que encadena trabajos de corta duración sin conseguir establecerse en ninguno con continuidad.

Cada nuevo empleo parece más un intento por recuperar relevancia o estabilidad, que el resultado de una trayectoria coherente. Y esa falta de dirección clara no pasa desapercibida, ni para sus seguidores, ni para sus detractores.

Mientras tanto, su imagen también ha cambiado. En sus últimas apariciones, Rivera luce barba poblada, alejándose de aquel joven político impecable y de verbo ágil que fue portada de revistas y símbolo de una nueva política.

¿Un nuevo comienzo o una huida hacia adelante?

La entrada de Rivera como profesor en UTAMED —junto a viejos compañeros como José Manuel Villegas o Verónica Fumanal— puede entenderse como un intento más por reposicionarse en un entorno donde aún puede explotar su experiencia en comunicación y liderazgo.

Pero para muchos observadores, no deja de ser el enésimo intento de reinvención, dentro de una carrera postpolítica errática, sin una línea clara y marcada más por las salidas apresuradas que por los logros duraderos.

Porque si hay algo que parece definir la vida laboral de Albert Rivera desde 2019 es esto: mucho comenzar y poco permanecer.