Ayuso cesa a su asesor Alfonso Ussía Hornedo sin ironía ni agradecimientos
El Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid del 24 de octubre de 2025 publicaba, sin ruido y sin florituras, el Decreto 48/2025, firmado por la presidenta Isabel Díaz Ayuso. En él se dispone el cese de D. Alfonso Javier de Ussía Hornedo como Asesor de la Presidencia. Hasta ahí, nada extraordinario… salvo un detalle que no ha pasado desapercibido en la Puerta del Sol: el decreto no incluye la habitual fórmula de “agradecimiento por los servicios prestados”, un gesto protocolario que suele acompañar los ceses pactados o amables.
La omisión no es baladí. En el lenguaje de la política madrileña, las palabras que se omiten dicen tanto como las que se publican. En los años de Esperanza Aguirre, Ignacio González o Pedro Rollán, los ceses de asesores y altos cargos solían ir acompañados de esa fórmula de cortesía cuando la salida era pactada o fruto de un relevo natural. Solo en los casos de desencuentro o cese por enfado presidencialdesaparecía el agradecimiento del texto oficial.
Por eso, el tono seco del decreto firmado por Ayuso —sin gratitud, sin matices, sin una sola línea amable— se interpreta en el Gobierno regional como un mensaje en sí mismo. Y no precisamente de cordialidad.
Alfonso Ussía Hornedo fue nombrado en la primavera de 2024 para reforzar el discurso de Ayuso. Su cometido: pulir intervenciones, definir tono y afinar mensajes en un contexto de creciente tensión entre la presidenta y su entorno mediático. No era un asesor cualquiera. Es hijo del veterano escritor y columnista Alfonso Ussía, figura respetada en la prensa conservadora y, hasta hace poco, cercana a la presidenta.
De hecho, la propia Ayuso entregó al patriarca de los Ussía el Premio de Cultura 2025 de la Comunidad de Madrid en la categoría de Literatura. Un gesto de reconocimiento público que la presidenta llevó hasta Comillas (Cantabria), desplazándose personalmente para entregárselo. Un detalle que llamó la atención en los círculos políticos y mediáticos, más aún por producirse apenas dos meses antes del cese del hijo.
En la Puerta del Sol nadie da explicaciones. Y ese hermetismo alimenta las conjeturas. Algunos apuntan a una falta de sintonía con el núcleo duro del equipo de asesores y comunicación, donde el todopoderoso Miguel Ángel Rodríguez (MAR) sigue marcando el tono y el ritmo. Otros hablan de diferencias de estilo: el estilo elegante de Ussía contrastaría con el lenguaje combativo y directo que caracterizan los discursos de la presidenta.
El resultado es un cese seco, sin agradecimientos ni referencias a una “petición propia”, fórmula que habría evitado el derecho al desempleo. En términos burocráticos, se trata de un despido político. En términos simbólicos, una ruptura.
Resulta paradójico que la misma presidenta que elogió hace apenas dos meses la “fina ironía, el humor intelectual y humano” de Alfonso Ussía padre, haya firmado ahora el cese del hijo sin una sola línea de cortesía. La escena deja un regusto amargo, casi teatral, en la siempre convulsa política madrileña.
En los pasillos de Sol se comenta que el tono de los últimos discursos de Ayuso había perdido la frescura habitual y que algunos borradores firmados por el asesor no convencieron a su entorno más próximo. Otros, más prudentes, apuntan a que el hijo de Ussía nunca logró integrarse del todo en un equipo en el que MAR es tanto estratega como filtro de confianza.
Sea como fuere, el decreto del 24 de octubre deja claro que algo se ha roto en la maquinaria de comunicación de Ayuso. Y cuando un cese llega sin agradecimiento, el mensaje, aunque mudo, resuena con fuerza.