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El concejal del PP de Madrid Ángel Niño viaja 8.600 km hasta San Salvador para una intervención de siete minutos

Ángel Niño
Ángel Niño

La publicación de la agenda oficial del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid ha vuelto a generar críticas dentro y fuera de Cibeles. Esta vez, el foco recae sobre el concejal delegado de Innovación y Emprendimiento, Ángel Niño, quien ha viajado hasta San Salvador —una ciudad situada a cerca de 8.660 kilómetros en línea recta desde Madrid para participar en una actividad que muchos en el Ayuntamiento consideran difícil de justificar.

La cita: GET Forum —Foro Global de Emprendimiento y Tecnología para América Latina y el Caribe—, celebrado en el Hilton San Salvador. El motivo: intervenir en un fireside chat de tan solo 30 minutos junto a otros ponentes, donde su intervención real probablemente no superará los siete u ocho minutos. El panel en cuestión —“¿Qué pasaría si la innovación y la tecnología impulsaran el turismo como motor de crecimiento?”— podría haberse atendido de forma telemática, como sucede con frecuencia en eventos internacionales. Sin embargo, decidieron hacer el viaje. El desconcierto en el propio Ayuntamiento ha sido tal que, según fuentes internas, se ha pedido al concejal que explique y justifique un desplazamiento cuyo beneficio para la ciudad nadie logra ubicar con claridad.

La polémica se agrava cuando se recuerda que Ángel Niño disfruta de un régimen de dedicación exclusiva desde el 17 de junio de 2023, remunerado con 101.888,60 €/año (brutos 2024).
Es decir: retribución de alto nivel a cambio de dedicarse plenamente a Madrid… salvo que haya un foro internacional de media hora en El Salvador que requiere su presencia.

El contraste entre la magnitud del viaje —8.660 km de ida y otros tantos de vuelta— y la exigua relevancia de su intervención resulta especialmente chocante en un contexto en el que el Ayuntamiento exige austeridad, eficiencia y contención del gasto. A ello se suma la opacidad habitual: no consta todavía si el coste del desplazamiento y la estancia ha sido sufragado por el Ayuntamiento, por la organización del evento o por algún otro organismo. Esta falta de claridad alimenta la indignación.

El Partido Popular presentó a Ángel Niño como una de las apuestas “más innovadoras” de su Gobierno en Madrid, subrayando su trayectoria como ingeniero y emprendedor. En su relato personal, Niño presumía de haber comenzado en una mesa en un pasillo del Ayuntamiento, defendiendo que su experiencia le aportaba una visión privilegiada para impulsar la innovación local. Pero la imagen de un concejal volcado en transformar Madrid contrasta con una agenda que parece más marcada por desplazamientos, viajes o iniciativas accesorias —como su conocida apuesta por el gaming y la industria del videojuego— que por resultados reales en la ciudad. Niño acumula responsabilidades importantes: no solo dirige Innovación y Emprendimiento, sino que también preside el distrito de Puente de Vallecas y forma parte de las principales comisiones económicas y de Hacienda del Ayuntamiento. Por eso resulta aún más sorprendente que dedique recursos institucionales a eventos internacionales cuya repercusión para Madrid resulta, cuando menos, dudosa.

La pregunta que sobrevuela Cibeles hoy es clara: ¿qué aporta a Madrid que un concejal del gobierno municipal recorra más de 8.600 kilómetros para intervenir apenas siete minutos en una mesa redonda? En política municipal —donde todo se mide en utilidad real para el vecino— la respuesta brilla por su ausencia.

La oposición le espera con las armas cargadas para exigir explicaciones detalladas, consciente de que justificar un viaje así será especialmente difícil en Puente de Vallecas, el distrito que preside y donde cada euro público se mira con lupa. Los hechos —kilómetros, dedicación exclusiva, intervención mínima y falta de resultados tangibles— pesan mucho más que cualquier discurso sobre innovación global. Este episodio vuelve a evidenciar lo que muchos ya vienen denunciando: una agenda pública que, lejos de generar confianza, provoca cada vez más perplejidad. Porque, al fin y al cabo, no es solo una cuestión de gasto, es una cuestión de prioridades.