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La foto que Vox quiere enterrar tras el bombazo de aranceles de Trump: "No sabe cómo salir de esta"

Santiago Abascal y Donald Trump
Santiago Abascal y Donald Trump

Santiago Abascal lo tenía todo atado. En su universo paralelo, bastaba con hacerse una foto con Donald Trump, llamarlo “amigo” en un mitin lleno de banderas y aplausos conservadores, y ¡voilà!, España quedaría exenta de cualquier medida proteccionista impulsada desde la futura (y cada vez más probable) nueva Casa Blanca republicana. El problema es que la realidad, como siempre, tiene la fea costumbre de llevarle la contraria.

Y esta vez, la bofetada ha sido antológica: Estados Unidos ha anunciado aranceles del 10% a todos los productos europeos, y del 20% a sectores estratégicos. Ni España, ni Italia, ni Hungría, ni Argentina se libran. Ni siquiera los socios ideológicos más cercanos al trumpismo. Ni siquiera Giorgia Meloni, que para Abascal era poco menos que la "embajadora plenipotenciaria" del trumpismo en Europa. "No sabe cómo salir de esta. Es una situación complicada", detallan desde Vox quienes conocen al líder del partido.

El “pacto con el magnate” no funcionó (spoiler: nunca existió)

Durante meses, Vox construyó un discurso con ladrillos de humo. Según ellos, mantener una buena relación con Trump permitiría a España —siempre que Vox gobernara, claro— esquivar cualquier castigo comercial estadounidense. ¿Y la base de esa teoría? Charlas con think tanks, sonrisas forzadas en convenciones y mucho, muchísimo wishful thinking.

Pero resulta que ni ser ultra, ni aplaudir a Elon Musk, ni insultar a la Agenda 2030 sirve para frenar aranceles cuando se trata de defender los intereses económicos de Estados Unidos. Porque eso, para sorpresa de nadie excepto para Abascal, es lo que hace Trump: proteger lo suyo. Lo suyo, no lo de Santiago.

Italia y Hungría, “los elegidos”… también pagan

Durante semanas, desde Vox se insistió en que países gobernados por sus “aliados”, como Italia (Meloni y Salvini) o Hungría (Orbán), sí sabrían esquivar los daños. Que con ellos, Trump tendría un trato de favor. ¿Resultado? Un 20% de arancel para los productos italianos, un impacto millonario para sus sectores más fuertes, y una afectación proporcionalmente similar para Hungría.

El problema no es solo el error de cálculo, sino la increíble contorsión política que ha tenido que hacer Vox para justificarlo. Ahora dicen que el problema es de Bruselas. Que la culpa no es de Trump, claro, sino de la Unión Europea por “no negociar”. Negociar con Trump, ese gran amante de los acuerdos multilaterales... ¿Alguien se lo explicó alguna vez a Abascal?

Malestar interno en Vox: el cuento se cae y el ridículo pesa

Dentro del propio partido, el desconcierto es tremendo. La estrategia internacional de Vox —basada en la fantasía de una especie de "alianza atlántica de la ultraderecha"— se ha estrellado contra los números, los contratos y la economía real. Ni el acero español, ni el aceite, ni los vinos, ni los coches van a quedar al margen. Los sectores que ellos mismos dicen defender, como el agrícola o el ganadero, también saldrán perjudicados. Y eso, en un año electoral europeo, sienta especialmente mal en los círculos internos.

Algunos cargos reconocen en privado que “quizá se ha sobreestimado el margen de influencia” de Vox en la estrategia económica estadounidense. Otros directamente empiezan a desmarcarse del relato de Abascal, porque cada nueva comparecencia suya —con esa mezcla de geopolítica de bar y fe ciega en el trumpismo— genera más vergüenza que convicción.

Pero la culpa, por supuesto, es de la Unión Europea

Como no podía ser de otra manera, y como buen discípulo de Orbán, Abascal ha optado por culpar a Bruselas. Porque es mucho más fácil cargar contra la UE —que, por cierto, aún intenta negociar una salida razonable a este choque comercial— que reconocer que han montado una narrativa completamente falsa basada en el “yo me llevo bien con Trump y me va a perdonar”.

Ni Trump ha perdonado, ni ha escuchado, ni ha hecho excepciones. Ni con Milei, ni con Meloni, ni con nadie. Y mientras tanto, Vox sigue sin responder una pregunta clave: ¿por qué el amigo Trump impone aranceles a los países que supuestamente le son afines?


La política internacional, versión "club de colegas"

La estrategia internacional de Vox se resume en un principio muy académico: si me hago colega de Trump, me libraré de sus castigos. Como si la economía mundial se decidiera en barbacoas republicanas entre ultras. Pero no funciona así, y ahora que el humo se ha disipado, solo queda el ridículo, la incoherencia y el daño económico que, irónicamente, sufrirá esa “España que madruga” que ellos dicen defender.

Porque mientras Abascal sigue soñando con fotos en la CPAC, las exportaciones españolas —de las que viven miles de trabajadores— se ven afectadas por una guerra comercial que su partido no supo prever ni evitar. Pero eso sí: la culpa, cómo no, es de Bruselas. ¿Y Trump? Ese, tranquilo. Sigue siendo “el amigo Santiago”. Aunque le haya metido un arancel del 20%.