El funeral por las víctimas de la DANA de Valencia se convierte en un espejo de la desvergüenza política
Este miércoles se celebra el funeral de Estado por las víctimas de la DANA de Valencia, un acto que debería ser un momento de respeto, duelo y apoyo a las familias. Sin embargo, la clase política ha vuelto a manchar lo que debía unir, convirtiendo la ceremonia en un escenario de excusas, miedo y cálculo electoral.
El acto, presidido por los Reyes de España, debería servir para rendir homenaje a las víctimas y acompañar a los familiares que perdieron a sus 230 seres queridos en una de las peores tragedias recientes. Pero tanto en el Gobierno central como en la Generalitat Valenciana y en los principales partidos, el temor a la reacción pública pesa más que la responsabilidad institucional.
En el entorno del presidente Pedro Sánchez también existe pavor a ese día. La previsión de un ambiente tenso, la posible presencia de familiares indignados y el malestar generalizado por la politización del duelo han llevado a una estrategia de bajo perfil y máxima precaución. En el Gobierno hay preocupación por la imagen del presidente y por el papel de algunos responsables autonómicos y delegados del Ejecutivo cuya actuación durante la emergencia también ha sido cuestionada.
Pero la mayor presión recae sobre el Partido Popular valenciano y su presidente Carlos Mazón, señalado por los afectados como el rostro visible de la descoordinación, las mentiras y la falta de empatía durante la crisis. Su principal valedor, Alberto Núñez Feijóo, es consciente del profundo rechazo entre las familiashacia la gestión de su partido. Su calculada presencia trata de evitar abucheos o escenas incómodas.
A todo ello se suma una decisión que ha causado indignación: el Senado ha programado la comparecencia de Pedro Sánchez en el caso Koldo para contraprogramar informativamente el acto de homenaje. Un gesto que agrava la sensación de indiferencia institucional y demuestra la falta de sensibilidad políticaante una jornada de luto nacional.
El resultado será un funeral enrarecido, irrespirable, donde los silencios y los reproches dominarán sobre la serenidad que las víctimas merecen. Lo que debería ser un acto de unidad y consuelo acabará reflejando la miseria moral de una clase política que teme más al escrutinio público que a su propia conciencia.
La DANA de Valencia no solo dejó víctimas humanas, sino también una herida de confianza entre los ciudadanos y sus dirigentes. Este miércoles, mientras las familias buscan un gesto de humanidad, los políticos volverán a mirar hacia otro lado, atrapados entre el miedo, el cálculo y la vergüenza de su propio comportamiento.