El Metro de Madrid parece Japón en hora punta y la Comunidad de Madrid está a por uvas

Carreras y Ayuso
Carreras y Ayuso

Metro de Madrid vive desde hace semanas una situación insostenible. Las obras en el trazado de la Línea 6 han provocado un auténtico colapso en hora punta, con estaciones saturadas, andenes repletos y trenes en los que resulta casi imposible entrar sin “empujadores” improvisados. La escena, más propia de grandes capitales asiáticas que de una ciudad europea, se repite cada mañana y cada tarde. Usuarios agobiados, tensiones entre viajeros y una sensación creciente de abandono por parte de los responsables.

En pleno siglo XXI, cuando la cercanía física entre viajeros puede incluso generar malentendidos o denuncias por abuso, Metro de Madrid parece no haber previsto ni mitigado adecuadamente el impacto de estas obras. Y mientras tanto, la dirección de la compañía y el Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM) observan desde la distancia, sin ofrecer soluciones reales.

Resulta especialmente llamativo el doble rasero político. La Consejería de Transportes madrileña exige constantemente al Ministerio mejoras en el servicio de Cercanías y no duda en criticar las averías, retrasos u obras que afectan a los trenes de Renfe. Sin embargo, cuando los problemas se producen en el Metro —gestionado directamente por la Comunidad de Madrid—, el tono cambia: silencio institucional, minimización de las quejas y desvío de responsabilidades hacia terceros.

La falta de coordinación entre administraciones está alcanzando niveles alarmantes. El transporte público madrileño, en lugar de ser una red eficiente y bien engranada, se ha convertido en rehén de luchas políticas. La entrada por la carretera de Extremadura es un ejemplo claro: un avispero de autobuses alternativos que no convencen a los usuarios. El Consorcio no ha sabido canalizar una alternativa eficaz y, lejos de asumir responsabilidades, opta por culpar a otros —ya sea Sánchez, Puente o quien toque—.

Pero el ciudadano no es ingenuo. Sabe perfectamente qué administración es responsable de cada medio de transporte. Sabe también quién debe dar la cara cuando las cosas fallan. Y en este caso, Metro y el Consorcio están ausentes. Las consecuencias las pagan miles de madrileños: trabajadores que llegan tarde, que sufren desplazamientos más caros, incómodos y largos, y que ven cómo conciliar con su familia y descansar se convierte en un reto diario.

Esta vez le toca a Metro. Y, de momento, sus responsables prefieren mirar hacia otro lado.