El PP le puso 'personal shopper' a la mujer de Rajoy y una "inseparable" asesora a Ana Botella, pero critica a Begoña Gómez
El PSOE ha reprochado en el Congreso de los Diputados al Partido Popular su hipocresía al criticar que Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, cuente con una asesora de confianza y un despacho en Moncloa. Los socialistas han recordado que las esposas de José María Aznar y Mariano Rajoy disfrutaron de privilegios similares durante sus respectivas etapas en el poder, utilizando recursos públicos y rodeándose de un círculo de confianza que aún hoy tiene influencia en el PP.
Uno de los ejemplos más evidentes de esta contradicción es el caso de Cristina Alonso Mateo, la inseparable asesora de Ana Botella, esposa de Aznar. Alonso Mateo comenzó su trayectoria en el entorno político gracias al matrimonio Aznar-Botella, con un puesto de confianza en la Junta de Castilla y León en 1989. Desde entonces, su carrera ha estado ligada a los cargos públicos de Botella, acompañándola a Moncloa durante los ocho años de presidencia de Aznar.
En Moncloa, Cristina Alonso gestionaba los asuntos de Botella obviamente desde despachos oficiales, algo que nunca fue objeto de críticas por parte del PP, a pesar de la utilización de recursos públicos para actividades no gubernamentales. Esta relación continuó en el Ayuntamiento de Madrid, donde Botella primero fue teniente de alcalde y posteriormente alcaldesa.
Tras el final de esta etapa, Cristina Alonso no quedó desamparada, fue colocada en el Ministerio de Industria con José Manuel Soria, un destino que todos en el PP atribuyen a las recomendaciones de Ana Botella. En los últimos años, seguramente también por el respaldo del matrimonio Aznar-Botella, Alonso ha recalado en el entorno más cercano de Isabel Díaz Ayuso como Técnico de Apoyo a la Secretaría de la Presidenta, con un sueldo de 70.000 euros.
Elvira Fernández, esposa de Mariano Rajoy, también contó con una estructura de apoyo durante su tiempo como primera dama. Aunque discreta, Fernández nombró a un asesor para gestionar sus actividades, y cuya carrera política se vio impulsada tras su etapa en Moncloa.
Uno de los casos más llamativos fue el de Jaime de los Santos, quien ocupó el cargo de asesor de Fernández con funciones tan particulares como las de “personal shopper”. Este detalle no pasó desapercibido en Génova ni en los medios, generando comentarios y críticas veladas incluso dentro del propio partido. A pesar de ello, De los Santos ascendió políticamente, ocupando cargos de relevancia en la Comunidad de Madrid y, actualmente, en el Congreso de los Diputados, gracias al constante apoyo de Mariano Rajoy y su entorno, que incluía figuras como Cristina Cifuentes, Pedro Rollán y el actual líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.
El ministro Óscar López fue especialmente contundente en el Congreso al señalar que el PP no está en posición de criticar lo que ellos mismos hicieron. Recordó que las esposas de Aznar y Rajoy contaron con despachos en Moncloa y asesores pagados con fondos públicos, y que esas personas han seguido siendo protegidas por el partido en agradecimiento a los servicios prestados.
El caso de Cristina Alonso Mateo es paradigmático: no solo gestionó todos los asuntos de Ana Botella durante años, sino que su influencia sigue vigente en el PP madrileño, ahora como una de las figuras de confianza en el equipo de Ayuso, además de mantener vínculos con Botella que preside la Fundación Integra y por cierto con multitud de relaciones con empresas. Para el PSOE, este historial pone de manifiesto la doble moral del PP al criticar a Begoña Gómez mientras mantiene a figuras como Cristina Alonso en el núcleo duro de Ayuso.
El ataque a la esposa de Sánchez parece ser, según el PSOE, una estrategia más del PP para desviar la atención de su propia historia. Mientras acusan al Gobierno de utilizar recursos públicos para beneficiar a Gómez, los populares ignoran que estas prácticas comenzaron con Aznar y continuaron con Rajoy, beneficiando a sus esposas y a un círculo de confianza que sigue teniendo peso dentro del partido.
En conclusión, el reproche socialista subraya un problema de coherencia en el PP: antes de señalar con el dedo, quizá deberían explicar por qué esas mismas prácticas fueron aceptables en el pasado y aún hoy benefician a su entorno más cercano.