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33 años en el Banco Sabadell y no le dan la tarjeta de crédito por ser "cliente de riesgo"

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Un nuevo testimonio de frustración con el sistema bancario ha salido a la luz, y esta vez tiene como protagonista al Banco Sabadell, que ha generado indignación al denegar una tarjeta de crédito a un cliente con más de tres décadas de relación con la entidad. Lo que podría parecer un caso aislado se ha convertido en reflejo de un problema más profundo: la desconexión entre los algoritmos bancarios y la realidad financiera de muchos usuarios.

Más de 30 años de fidelidad... que no valen para nada

El afectado relata que lleva 33 años como cliente único del Sabadell, donde ha centralizado toda su vida financiera: desde los ingresos de su primer negocio hasta sus nóminas, trabajos como freelance, y rendimientos por alquiler de varias viviendas en propiedad. A eso se suma una hipoteca ya saldada y un historial sin un solo descubierto en cuenta.

Pese a esta trayectoria impecable, la sorpresa llegó al solicitar algo tan básico como una tarjeta de crédito para alquilar un coche. La respuesta del banco fue clara y desconcertante: "Perfil de riesgo".

“Me he quedado a cuadros. Nunca he estado en números rojos, tengo ingresos mensuales muy por encima de la media, y aun así me dicen que soy un riesgo. ¿Será que si no eres funcionario o no entras en sus plantillas tipo, tu dinero ya no vale?”, se pregunta indignado el cliente.

¿Qué está fallando en el sistema?

La situación evidencia una creciente dependencia de los bancos en modelos automatizados de análisis de riesgo, que muchas veces no consideran factores clave como el historial completo del cliente, su comportamiento financiero a largo plazo o su vinculación con la entidad.

En este caso, el perfil financiero del afectado —diversificado, solvente y sin incidencias— choca con la rigidez de los sistemas de evaluación interna, que pueden penalizar a quienes no encajan en ciertos estándares, como asalariados con contrato fijo o funcionarios públicos. Algo que, en plena era del emprendimiento y los ingresos por cuenta propia, resulta especialmente preocupante.

¿El cliente ya no importa?

Este episodio también plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto valoran los bancos la fidelidad de sus clientes?. Treinta años de relación, sin incidencias, sin deudas, sin conflictos... y aún así, ninguna flexibilidad ni reconocimiento a la hora de ofrecer un producto básico como una tarjeta de crédito.

“Si después de toda una vida operando con ellos, no me consideran digno de una tarjeta, ¿qué sentido tiene seguir confiando en esa entidad?”, lamenta el cliente.

Una llamada de atención al sector bancario

En un momento en el que los bancos luchan por retener clientes ante la competencia de nuevas entidades digitales, casos como este erosionan la confianza y alimentan la fuga de usuarios a opciones más flexibles y transparentes. La automatización no puede ser excusa para ignorar a quienes han demostrado sobradamente su solvencia y compromiso.

La banca del futuro no puede seguir despreciando a la del presente, ni olvidar que, detrás de cada número, hay una historia, un esfuerzo y una trayectoria que merecen ser tenidos en cuenta. Porque cuando los algoritmos fallan, lo mínimo que se espera es que alguien, del otro lado del mostrador, escuche.