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Coge una tablet con Movistar e intentan cobrarle hasta un año de más "por la cara"

Movistar de Pozuelo
Movistar de Pozuelo

Una usuaria ha compartido su frustración tras un desagradable episodio con Movistar, al descubrir que la compañía le sigue cobrando 6 euros mensuales por una tablet que, según ella, ya debería haber terminado de pagar. Lo más indignante del caso, asegura, es la contradicción entre lo que dicen en tienda y lo que figura en el contrato que firmó en 2022.

El cobro que no cesa: ¿36 o 48 meses?

Según relata, dejó de ser clienta de Movistar en enero, pero sigue recibiendo cargos mensuales de 6€. Al acudir a una tienda de la compañía para pedir explicaciones, le informaron que el contrato de arrendamiento de la tablet era por 48 meses y que aún le quedaban 9 cuotas por pagar, además de 3 meses atrasados.

“Me dicen que siempre fue así, que llevan años trabajando allí y que nunca ha cambiado”, denuncia la afectada, que no tardó en poner en duda la veracidad de esa afirmación.

De vuelta a casa, la sorpresa fue aún mayor: al revisar su propio contrato, vio que claramente se especificaban 36 meses de duración. Según sus cálculos, ella ya había cumplido con 34 de ellos antes de decidir dejar de pagar, confiando en que el compromiso contractual estaba a punto de concluir.

Contradicciones telefónicas y problemas de acceso

Intentando aclarar la situación, la clienta llamó al 1004, el número de atención al cliente de Movistar. Allí le ofrecieron una versión diferente aún más desconcertante: le dijeron que sólo debía 18 euros y que, de abonarlos, no tendría que pagar nada más.

“¿Cómo pretenden que me fíe de ellos?”, se pregunta, indignada.

Pero la cosa no terminó ahí. Poco después de colgar la llamada, su acceso a la app de Movistar y a la web dejó de funcionar, a pesar de que apenas unos minutos antes había ingresado sin problema. Para ella, fue la gota que colmó el vaso.

Una historia que se repite

Este tipo de quejas no son aisladas. Cada vez son más los clientes que denuncian prácticas confusas con contratos de dispositivos vinculados a líneas móviles, donde las condiciones reales no siempre coinciden con lo que se comunica verbalmente o incluso con lo que figura en la documentación oficial.


Con palabras claras y directas, la afectada resume su experiencia:

Estafadores, con mayúscula”.

La historia pone en evidencia la importancia de leer detenidamente cualquier contrato, guardar copias físicas o digitales y reclamar cuando se detectan discrepancias, aunque eso implique enfrentarse a una atención al cliente poco clara o contradictoria. Y sobre todo, exige a las compañías la transparencia que los usuarios merecen.