Katy Perry defiende el "cambio climático" en Davos tras gastar 500 toneladas de combustible para hacerse una foto en el espacio

En abril de 2025, Katy Perry protagonizó uno de los episodios más comentados del turismo espacial: un viaje suborbital que, según estimaciones ampliamente difundidas, consumió alrededor de 498 toneladas de combustible para una experiencia puramente recreativa. Un gesto que, en plena emergencia climática, desató críticas por su impacto ambiental y por el simbolismo que arrastra cuando lo protagoniza una figura pública con millones de seguidores.

Menos de un año después, la imagen ha vuelto a generar polémica. La artista ha aparecido en Davos, epicentro del discurso global sobre sostenibilidad, economía verde y lucha contra el cambio climático, para concienciar sobre el “medio ambiente”. La escena ha sido recibida por muchos como un ejemplo claro de doble moral climática.

Turismo espacial y huella ambiental

El turismo espacial, aún reservado a una élite económica, se ha convertido en uno de los símbolos más extremos del consumo de recursos para fines no esenciales. Mientras millones de ciudadanos son llamados a reducir su huella de carbono, limitar el uso del coche o pagar más por la energía, los vuelos suborbitales recreativos emiten en minutos lo que una persona media no emite en toda su vida.

En ese contexto, el viaje de Katy Perry fue visto por numerosos críticos como un lujo climático difícil de justificar, especialmente cuando posteriormente se participa en foros que promueven la reducción de emisiones y el cambio de hábitos.

Davos y el mensaje que chirría

Davos se ha consolidado como el escenario donde líderes políticos, empresarios y celebridades predican la transición ecológica, la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental. Sin embargo, cada año crece el malestar social por lo que muchos consideran un ecologismo de escaparate, protagonizado por personas que no aplican en su vida privada aquello que defienden en público.

La presencia de una celebridad que quemó cientos de toneladas de combustible para hacer turismo espacial y que ahora habla de medio ambiente ha sido interpretada como un insulto a quienes sí asumen sacrificios reales: ciudadanos, autónomos y familias que pagan más impuestos, más energía y más restricciones en nombre del clima.

El problema no es el discurso, sino la coherencia

La crítica no se dirige únicamente a Katy Perry, sino a un modelo cada vez más visible: figuras públicas que exigen cambios profundos a la sociedad mientras mantienen estilos de vida radicalmente incompatibles con esos mensajes. Para muchos, este tipo de contradicciones erosiona la credibilidad del discurso ambiental y alimenta el escepticismo social.

Porque el debate ya no es si hay que proteger el planeta —algo que cada vez más personas asumen—, sino quién tiene legitimidad para dar lecciones y desde qué coherencia moral se hace.

En tiempos de crisis climática, la imagen de lujo extremo por un lado y sermones verdes por otro no concientiza: indigna.