“Ley del embudo”: cliente critica a Ikea tras una caótica instalación de cocina
La decisión de contratar la instalación de una cocina con Ikea se ha convertido en una auténtica pesadilla para un cliente que ha relatado en detalle su experiencia, marcada por fallos constantes, idas y venidas a tienda, y una atención posventa que califica de “ley del embudo: lo ancho para Ikea, lo estrecho para el cliente”.
El proceso comenzó en junio y, según explica, desde la primera visita del montador todo fueron problemas. El técnico enviado a su domicilio —no personal directo de Ikea, sino una empresa externa— realizó un trabajo lleno de defectos: cajones golpeados, tiradores de modelos distintos, encimeras mal colocadas, puertas descolgadas, topes sin instalar y hasta tiradores torcidos. Un despropósito que el afectado asegura que le tocó resolver en parte por su cuenta.
Lo más sorprendente, afirma, es que tras reclamar los fallos, Ikea le indicó que posiblemente enviaría al mismo montador o a la misma empresa para volver a corregir la instalación. Una respuesta que, lejos de tranquilizarle, aumentó su malestar: “Hicieron un trabajo penoso y aún así pretenden que sean ellos quienes vuelvan a arreglarlo”.
A la deficiente instalación se sumaron interminables gestiones en tienda. El cliente asegura que ha tenido que acudir en múltiples ocasiones porque ningún departamento se hacía responsable, derivándole de uno a otro sin obtener solución ni disculpa.
El proceso de reparación también ha sido un calvario. Explica que debe estar disponible tres días distintos: uno para recibir material (con el temor de que falte algo, como ocurrió la primera vez, cuando olvidaron el fregadero y tuvo que ir él mismo a buscarlo), otro para el montaje y un tercero para la recogida de piezas dañadas.
Pero lo que más le indigna es el episodio con la campana extractora. El técnico medidor, asegura, fue con prisas, le presionó para adelantar la cita y apenas le dejó plantear dudas. Más tarde, en la tienda le informaron de que no podrían instalarle la campana salvo que volviera a pagar 40 euros adicionales para otra visita del medidor. El resultado: tras meses de problemas y molestias, el cliente sigue sin campana instalada y con una cocina a medio terminar.
El testimonio refleja un profundo malestar por la falta de coordinación, el trato distante y la ausencia de soluciones reales por parte de Ikea. Una experiencia que, según relata, ha supuesto “molestia tras molestia” y que deja en entredicho el servicio de instalación de la multinacional sueca, al que muchos clientes recurren buscando comodidad y confianza.