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Le llaman de la tienda de Orange de Pozuelo por una "oferta" y acaba pagando lo mismo: "Me han metido permanencia"

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La relación de confianza entre una compañía y sus clientes debería ser sagrada, pero casos como el vivido en una tienda de Orange en Pozuelo de Alarcón demuestran que, a veces, esta confianza puede romperse de manera abrupta. Un cliente, con más de 15 años de fidelidad a Orange, ha decidido hacer pública su mala experiencia tras ser víctima de lo que califica como un engaño comercial.

Según su relato, un empleado de la tienda, que se identificó como Pedro, le contactó para ofrecerle una mejora en su tarifa móvil. Tras aceptar la propuesta, confiando en la información recibida, el cliente descubrió un mes después que su tarifa seguía exactamente igual, pero su compromiso de permanencia se había renovado por 24 meses.

Peor aún: el trabajador le habría entregado unos auriculares supuestamente "gratuitos", que en realidad se utilizaron como excusa para imponerle una nueva permanencia sin informarle adecuadamente.

Silencio y evasivas ante la reclamación

La situación empeoró cuando el cliente intentó contactar nuevamente con el vendedor para pedir explicaciones. No solo no obtuvo respuesta a sus llamadas, sino que tampoco recibió contestación a sus mensajes de WhatsApp, lo que aumentó su frustración y sensación de desamparo.

Al acudir a los canales oficiales de atención al cliente de Orange, la respuesta no fue precisamente tranquilizadora: le informaron que la tienda de Pozuelo de Alarcón opera de forma independiente y que, en caso de estafa o mal práctica, debería denunciar directamente a la tienda.

Una respuesta que deja entrever una grave desconexión entre la empresa y sus franquiciados o asociados, y que transmite la peligrosa idea de que Orange se desentiende de las malas prácticas cometidas en su nombre.

15 años de fidelidad, rotos en un instante

“Cuando llamé a reclamar me dijeron que era cosa de la tienda, como si Orange y la tienda fueran dos cosas distintas", lamenta el afectado. Una sensación de desprotección que ha llevado a este cliente a plantearse, como él mismo reconoce, cambiar de compañía tras más de una década de relación comercial.

La indignación no solo se dirige contra la tienda en cuestión, sino también contra la propia Orange, por su deficiente gestión de la atención al cliente y su escasa implicación a la hora de resolver este tipo de conflictos.

Una imagen cada vez más deteriorada

Casos como este dañan seriamente la imagen de las grandes compañías de telecomunicaciones, que parecen más preocupadas en firmar contratos a toda costa que en cuidar la experiencia real de sus clientes. La falta de control sobre las prácticas comerciales de sus franquiciados, y la indiferencia mostrada en la resolución de reclamaciones, son una combinación letal para la fidelidad de los usuarios.

Orange debería tomar nota: proteger su reputación pasa, inevitablemente, por asumir responsabilidades y garantizar que todos sus puntos de venta, propios o asociados, actúen de manera transparente y ética. De lo contrario, casos como el de este cliente seguirán minando la confianza de quienes un día decidieron apostar por la marca.