La nueva ordenanza del taxi de Madrid exige la ESO a los taxistas mientras a los VTC les basta con sonreír

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La nueva Ordenanza del Taxi aprobada el 30 de septiembre por el Ayuntamiento de Madrid ha conseguido lo imposible: que el sector del taxi, ya acostumbrado a pelear por sobrevivir, se quede literalmente boquiabierto. La gran estrella del texto es la exigencia de contar con la Educación Secundaria Obligatoria para ser taxista. Sí, la ESO. Como si para conducir un taxi hubiera que resolver ecuaciones de segundo grado entre semáforo y semáforo.

La medida, presentada con solemnidad institucional, pretende “garantizar la profesionalización del servicio”. Y sin embargo provoca carcajadas nerviosas entre los conductores cuando comparan lo que se les pide a ellos con lo que se pide al VTC. Porque mientras el taxi tendrá que demostrar formación académica, superar examen, acreditar conocimientos equivalentes si no tiene título y estudiar más que un opositor a Correos, a los aspirantes a conductor de VTC les basta con tener el carnet B, manejar una aplicación en el móvil y demostrar —literalmente— “actitud adecuada”. Vamos, que con sonreír ya cumplen media prueba.

El contraste es tan llamativo que parece sacado de una sátira los taxistas con ESO y examenlos VTC con móvil y buena disposición:

• Taxi: título de ESO o conocimientos acreditados, examen municipal, módulo eliminado pero otros mantenidos, espera de un mes natural si suspendes dos veces, obligación de GPS…

• VTC: carné B, prueba ligera, nociones básicas de normativa, castellano mínimo, manejo de app y buena voluntad.

La pregunta en el sector es inevitable: ¿de verdad se pretende elevar la calidad del servicio o simplemente ponerle barreras al taxi porque es el único colectivo fácil de controlar? Porque mientras al taxista se le exige incluso recordar calles que ni Google Maps tiene claras, al conductor de VTC se le presupone que el GPS hará todo el trabajo. Y si no conoce Madrid, no pasa nada; para eso está el algoritmo. La ironía de la ordenanza es que impone formación académica a quienes llevan décadas demostrando su profesionalidad y conocimiento de la ciudad, mientras no toca ni un milímetro la laxitud de acceso al VTC. Es como enseñar a un cirujano a ponerse los guantes mientras se deja operar a un aficionado con un tutorial de YouTube.

Los taxistas han recibido la exigencia de la ESO como un mensaje claro: el problema del transporte urbano no son los miles de vehículos que circulan sin un control real, sino ellos. Ellos, que ahora además de saberse Madrid deberán poder justificar que un día aprobaron Geografía e Historia.

La nueva ordenanza quiere vender profesionalización, pero la sensación dominante es que el Ayuntamiento ha decidido empezar la casa por el tejado. Exigir la ESO al taxi mientras el VTC sigue entrando por la puerta grande con controles mínimos es una paradoja que ni Berlanga habría imaginado. Madrid no necesita que un taxista recite los ríos de España; necesita que todos los conductores, todos, estén sometidos al mismo nivel de responsabilidad. Y hasta que eso ocurra, la ironía seguirá siendo la única forma de explicar una ordenanza que pide títulos a quienes ya trabajan bien y actitud zen a quienes ni siquiera conocen la ciudad.