MAPFRE

“Pago 823 € y no me arreglan el coche”: la dura queja contra Mapfre

Mapfre
Mapfre

Contratar un seguro a todo riesgo suele hacerse buscando tranquilidad, especialmente cuando se trata de un coche recién comprado, aunque sea de segunda mano. Sin embargo, esa tranquilidad se transforma en frustración cuando, llegado el momento de usarlo, el sistema no responde. Es lo que denuncia un cliente de Mapfre, que asegura haber vivido una experiencia desesperante tras un siniestro leve.

El asegurado explica que pagó 823 euros por un todo riesgo con franquicia de 300 euros, una prima elevada que asumió precisamente para evitar problemas en caso de accidente. El siniestro llegó en forma de un pequeño golpe con una bicicleta, en el que, según relata, no tuvo culpa y el ciclista asumió la responsabilidad de los daños. Hasta ahí, todo parecía encajar dentro de la normalidad.

El problema comenzó con la peritación. Según su versión, Mapfre realizó un peritaje incorrecto, incompleto y mal definido. Al detectar errores, el cliente solicitó una segunda peritación, pero se encontró con una situación que califica de surrealista: tras decenas de llamadas, el perito se negó a volver a revisar el vehículo alegando que “ya lo había visto”.

La sensación de abandono fue creciendo. Desde la aseguradora le trasladaron que el arreglo se gestionaría, pero al llevar finalmente el coche al taller, la sorpresa fue mayúscula. Allí no sabían nada ni de la franquicia, ni del alcance real de la reparación, y varias de las piezas dañadas no aparecían reflejadas en el peritaje. El resultado: un tercer peritaje en el aire y ninguna certeza sobre qué ocurrirá finalmente con la reparación.

El cliente denuncia una falta total de coordinación interna, con llamadas constantes en las que “unos se pasan la pelota a otros”, sin que nadie asuma responsabilidades ni ofrezca una solución clara. Lo que debía ser un trámite sencillo se ha convertido en un laberinto burocrático, con retrasos, incertidumbre y una sensación clara de indefensión.

La indignación aumenta al comparar el precio del seguro con el servicio recibido. “Pago una barbaridad para esto”, viene a resumir su queja. Para él, lo más grave no es solo el error inicial, sino la actitud: falta de seguimiento, ausencia de respuestas claras y una gestión que considera impropia de una aseguradora del tamaño de Mapfre.

Su conclusión es contundente: no recomienda Mapfre y advierte de que cuando surge un problema real, el cliente puede quedarse solo, atrapado entre peritos, talleres y departamentos que no se coordinan. Una experiencia que, según relata, le está llevando incluso a plantearse acciones legales.

Un testimonio más que vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda para muchos conductores: el verdadero valor de un seguro no se mide cuando se firma la póliza, sino cuando ocurre el accidente. Y en este caso, el asegurado siente que la respuesta no ha estado a la altura de lo que pagó.