SECURITAS DIRECT

Securitas Direct le pide 1.200 euros por el equipo y cuando se niega le dicen que vale, que se lo rebajan a 0 euros

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En un contexto donde la seguridad del hogar se ha vuelto una prioridad para muchas familias, contar con un sistema de alarma eficiente y transparente es fundamental. Sin embargo, la experiencia de algunos clientes de Securitas Direct, una de las compañías líderes del sector en España, está generando serias dudas sobre su política comercial, la calidad de sus equipos y la claridad de sus contratos.

Un usuario ha denunciado públicamente su decepción con la empresa tras contratar sus servicios. Según relata, el servicio de asistencia cuando salta la alarma es impecable: el sistema activa el protocolo al instante, y si no se recibe respuesta, el equipo de atención llama directamente al móvil designado. “En ese aspecto, perfecto”, reconoce. No obstante, todo lo demás deja mucho que desear.

Cámaras que no ven, sensores que no ayudan

Uno de los principales motivos de queja es la calidad de las cámaras que integran los sensores de imagen. El cliente las califica sin rodeos como “de risa”. Las capturas generadas por el sistema son borrosas, oscuras y de tan baja resolución que no permiten identificar a ninguna persona ni objeto con claridad. “Intentan explicar que se debe a que efectúan una pequeña ráfaga de imágenes, pero aunque sea así, lo cierto es que no sirven para una identificación positiva”, denuncia. Una situación alarmante, tratándose de un servicio de seguridad que presume de ser eficaz precisamente en eso: detectar y documentar intrusiones.

Una estrategia comercial que roza el engaño

Más allá de los problemas técnicos, el relato expone una preocupante falta de transparencia comercial. El cliente asegura que al momento de la contratación, se le pidió un precio desorbitado por el equipo: 1.200 euros. Tras su negativa, comenzó una cadena de llamadas “al coordinador” que, como si de una táctica de regateo se tratara, fue rebajando el importe hasta dejarlo en cero. Con la cuota mensual ocurrió lo mismo: de los 72 euros iniciales, acabó pagando 43. Una política que genera sospechas sobre la coherencia y honestidad de las tarifas ofrecidas a los consumidores.

Pero lo peor estaba aún por llegar.

Un contrato opaco y tramposo

El contrato de permanencia fue otra fuente de malestar. Según cuenta, por teléfono le indicaron que el compromiso era de 18 meses. Sin embargo, al leer el documento, descubrió que en realidad eran 24. Y tras un análisis más detenido, se dio cuenta de que la permanencia real era de 36 meses, una cifra que solo se percibe si se interpreta con cuidado la redacción ambigua del contrato.

Cuando intentó darse de baja tras 24 meses, comenzó el clásico repertorio: ofertas para que se quedara y, si eso no funcionaba, amenazas de penalización por los meses restantes. “Te amenazan con cobrarte el precio mensual por los meses que queden hasta cumplir los 36”, asegura.

¿Seguridad o negocio?

Esta experiencia revela un patrón preocupante: una empresa que, bajo la apariencia de profesionalidad y protección, parece priorizar el beneficio económico frente a la confianza del cliente. Equipos mediocres a precios inflados, estrategias comerciales agresivas y contratos redactados con intenciones poco claras ponen en entredicho los valores que Securitas Direct intenta proyectar.

La compañía, por su parte, ha respondido con un escueto mensaje genérico: “Vamos a revisar tu caso y te respondemos lo antes posible”. Pero no ha ofrecido explicaciones claras ni asumido responsabilidad alguna.

En un mercado tan delicado como el de la seguridad personal y familiar, la opacidad no puede formar parte del servicio. A falta de respuestas contundentes, muchos usuarios ya se preguntan si Securitas Direct protege más a sus márgenes de beneficio que a sus propios clientes.