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El servicio de Movistar deja a personas de 85 y 81 años sin conexión y sin teleasistencia

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El pasado 15 de julio, un cliente de Movistar presentó una grave queja que pone en evidencia no solo la falta de atención al cliente, sino también la negligencia hacia personas mayores y dependientes. El caso involucra a unos padres de 85 y 81 años, que, debido a la interrupción del servicio de telefonía e internet, también se quedaron sin acceso al servicio de teleasistencia, esencial para su bienestar, dado su grado de discapacidad y dependencia a oxígeno.

El cliente, al darse cuenta de la grave situación, contactó inmediatamente con Movistar, solicitando que enviaran un técnico para reparar los servicios esa misma tarde. Sin embargo, la respuesta de la operadora fue tajante: no disponían de disponibilidad para acudir ese día. A pesar de insistir en la urgencia del caso, dada la vulnerabilidad de los usuarios, no hubo respuesta favorable, lo que dejó a las personas mayores sin un servicio esencial.

Como medida alternativa, se acordó una visita para el día siguiente a las 17 horas, hora en la que el hijo de los dependientes podría estar presente en el domicilio, ya que debido a su avanzada edad, preferían evitar la presencia de extraños en su hogar. No obstante, la situación empeoró aún más cuando el técnico, identificado con el número de teléfono 688379309, llamó por la mañana para preguntar si podía acudir en ese momento, a pesar de que se había establecido previamente que solo podría hacerlo a las 17 horas.

Al mediodía, el cliente recibió un correo electrónico con el parte de trabajo del técnico, sin que este hubiera cumplido con el horario acordado. Esto generó una profunda indignación, no solo por la falta de cumplimiento de lo pactado, sino también por la desconsideración hacia la seguridad y bienestar de los mayores, quienes fueron dejados sin un servicio vital por un error que no fue su responsabilidad.

El cliente expresó su desacuerdo enérgicamente, destacando la gravedad de la situación. La pregunta crítica que se plantea es, ¿qué hubiera sucedido si esa misma noche los mayores hubieran necesitado una ambulancia y no pudieran contactar a nadie debido a la interrupción del servicio? Esta cuestión no solo subraya la importancia de la conexión telefónica en situaciones de emergencia, sino que también pone en tela de juicio la política de atención de Movistar hacia personas en situación de vulnerabilidad.

A pesar de haber presentado una reclamación formal a la compañía, el cliente teme que su queja quede olvidada, como ocurre con muchas de las reclamaciones que no reciben respuesta adecuada. En su mensaje, hizo un llamado urgente a Movistar para que tomara medidas y se dejara de subcontratar servicios externos que no hacen más que retrasar la solución de incidencias críticas como la de su caso.

La queja, aunque profundamente personal, pone de manifiesto un problema que muchas personas mayores y dependientes sufren al ser ignoradas por empresas que deberían velar por su bienestar. El caso expone la necesidad urgente de que las operadoras de telecomunicaciones asuman su responsabilidad social y no dejen que sus clientes más vulnerables queden desprotegidos.