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Un usuario acusa a Amazon de activar Amazon Music sin su consentimiento vía Alexa

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Amazon vuelve a estar en el punto de mira. Un usuario ha alzado la voz en redes sociales tras descubrir que había sido suscrito automáticamente a Amazon Music sin haberlo solicitado de forma consciente. Lo más preocupante, según su testimonio, es que la activación del servicio se habría producido a través de un comando de voz dirigido a Alexa, el asistente virtual presente en millones de hogares.

Según explica el afectado, en su casa Alexa es utilizada por todos los que entran, desde niños hasta invitados, lo que habría facilitado la suscripción accidental simplemente con que alguien dijera “sí” tras una pregunta del dispositivo.

“Y solamente con que alguien diga ‘sí’, estás suscrito de por vida”, denuncia.

La falta de verificación adicional y la ausencia de un proceso claro para confirmar la contratación han sido los detonantes del malestar. El usuario califica la experiencia como una “estafa” y lamenta que Amazon no haya ofrecido ninguna solución satisfactoria tras contactar con su servicio de atención al cliente.

Más allá del caso puntual, lo que realmente preocupa es la falta de control y transparencia en los procesos de suscripción mediante asistentes de voz. La facilidad con la que se puede activar un servicio de pago —en un entorno familiar y sin un filtro seguro— ha despertado críticas hacia la compañía por priorizar las ventas sobre la protección del consumidor.

“Voy a dejar de comprar en el monstruo de Amazon, que no va a más que controlarnos”, concluye con dureza el cliente afectado, en un mensaje que refleja la creciente desconfianza hacia las grandes plataformas tecnológicas.

Este caso no es aislado. Ya son varios los usuarios que han denunciado en foros y redes sociales suscripciones no deseadas a Amazon Music, Audible u otros servicios, muchas veces sin recordar haberlas aceptado. Algunos de estos registros se producen tras breves interacciones con Alexa, sin que medie una confirmación por escrito o contraseña.

La situación pone sobre la mesa una discusión urgente: ¿están las grandes tecnológicas haciendo lo suficiente para proteger a los usuarios de contrataciones accidentales o inducidas? Y, sobre todo, ¿qué nivel de consentimiento debería ser exigible cuando se trata de servicios de pago en plataformas utilizadas por menores y visitantes?