El economista que predijo la crisis dice por qué los españoles van a peor: “La población se empobrece aunque la economía crezca”
El economista Santiago Niño Becerra ha vuelto a poner el foco en una de las grandes preocupaciones económicas de los últimos años: la pérdida de poder adquisitivo de la población. A través de una reflexión difundida en redes sociales, el profesor ha señalado que, más allá de los motivos coyunturales que se suelen citar para explicar la subida de precios, existe un problema estructural en la economía española que impide que el crecimiento se traduzca en una mejora real del nivel de vida.
Según explica, el fenómeno se repite desde hace años: los precios crecen más rápido que los salarios, lo que provoca que la mayoría de los ciudadanos vean cómo su capacidad de compra se reduce progresivamente. En distintos momentos se ha señalado a factores externos como el encarecimiento del petróleo y del gas o las rupturas en las cadenas de suministro, pero para el economista estos elementos solo explican una parte del problema.
En su análisis, la raíz está en la baja productividad de la economía española, que se traduce en salarios relativamente bajos. Cuando los ingresos crecen poco o se estancan, resulta imposible compensar las subidas de precios, especialmente en los bienes esenciales como la energía, la vivienda o los alimentos, cuyo consumo es difícil de reducir.
Niño Becerra sostiene que esta situación convierte a los asalariados-consumidores en “rehenes” de quienes fijan los precios, ya que necesitan seguir comprando esos productos básicos aunque su poder adquisitivo disminuya. El problema se agrava, según su diagnóstico, por la propia estructura del tejido productivo español.
El economista señala que una parte importante del PIB del país se basa en sectores intensivos en trabajo de baja cualificación, lo que genera actividades de valor añadido medio o bajo. En un contexto así, las empresas tienen menos incentivos para invertir en capital tecnológico o en formación, ya que los márgenes obtenidos no compensan ese esfuerzo inversor.
Esta falta de inversión, a su vez, impide que la productividad crezca con fuerza, creando un círculo difícil de romper: baja productividad, salarios limitados y menor capacidad para mejorar el nivel de vida.
Niño Becerra también cuestiona el optimismo con el que a menudo se presentan las cifras de crecimiento económico. Aunque España muestre datos positivos de crecimiento del PIB, sostiene que eso no se está reflejando en una mejora clara del bienestar de la población.
Para ilustrarlo, recurre a los datos de PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo comparados con la media de la Unión Europea. Si el promedio europeo se fija en 100 puntos, España se situaba en 90 en 2013, uno de los años más duros de la crisis iniciada en 2007. Más de una década después, en 2024, el indicador apenas había subido hasta 91 puntos, según las estadísticas de Eurostat.
A partir de estos datos, el economista llega a una conclusión contundente: la economía española puede crecer en términos macroeconómicos, pero eso no significa que su población esté mejorando su nivel de vida. De hecho, advierte de que la tendencia de fondo apunta a lo contrario: un crecimiento que no se traduce en una mejora real para la mayoría de los ciudadanos.
Su diagnóstico se resume en una frase directa: España crece, pero su población se empobrece.