Quiere venderle una moto Triumph con una rueda trasera de coche que ni arranca y se enfada cuando el compra-venta no quiere comprarla
Hace apenas unos días, una Triumph Speedmaster 800 de carburación, matriculada en 2005 y con 8.620 kilómetros en el marcador, llegó a Arriola Motor, un conocido taller y compraventa de motos en Alcalá de Henares, en busca de tasación. Sin embargo, el estado del vehículo dejaba claro desde el primer vistazo que la operación no iba a ser sencilla.
La moto llevaba más de tres años sin mantenimiento, no arrancaba, acumulaba varias averías mecánicas y, como detalle especialmente llamativo, montaba en el eje trasero una rueda de coche: una modificación muy poco habitual.
Imposible de comprar: una decisión técnica, no personal
Tras una revisión minuciosa, los técnicos del taller comunicaron al propietario que no podían adquirir la moto en ese estado. La decisión no obedecía a criterios estéticos ni comerciales, sino a una cuestión de seguridad y responsabilidad profesional. A pesar de ello, y a solicitud del cliente, se le ofreció una estimación orientativa de lo que podría valer el vehículo si fuese restaurado correctamente.
La tasación, realizada con cautela por la imposibilidad de valorar con precisión una unidad modificada ilegalmente, rondaba los 2.000 euros. El cálculo tuvo en cuenta el bajo kilometraje, la antigüedad del modelo y el valor actual de referencias similares, como la Speedmaster 900 de 2009, que hoy puede encontrarse por unos 4.000 euros. La versión original, nueva, costaba en su momento cerca de 8.000 euros.
Una reacción desproporcionada
Lejos de agradecer la evaluación, el propietario reaccionó de forma airada, con comentarios fuera de tono que el equipo prefiere no reproducir. Poco después, dejó una reseña negativa en Google criticando la atención recibida. Desde Arriola Motor, sin entrar en polémicas, explican que la reseña “no refleja en absoluto lo sucedido”.
Este tipo de situaciones, que antes eran anecdóticas, se están volviendo cada vez más frecuentes. Desde el taller alertan de un aumento preocupante de motos en mal estado que llegan a sus instalaciones: unidades sin mantenimiento durante años, con defectos mecánicos importantes o directamente alteradas con modificaciones que incumplen la normativa.
Un fenómeno cada vez más habitual
“Antes era raro encontrarse con algo así, pero ahora se está normalizando”, explican desde Arriola Motor. Y en este contexto, la única postura profesional posible —señalan— es mantener el criterio técnico por encima de las presiones: no se puede comprar ni revender una moto que no garantice unos mínimos de calidad y seguridad.
Lo que parecía una tasación rutinaria acabó convirtiéndose en un caso más que refleja una tendencia preocupante en el mercado de segunda mano: motos abandonadas, alteradas y sin garantía, ofrecidas como si estuvieran listas para circular. Una situación que exige responsabilidad por parte de todos: talleres, compradores… y también vendedores.