La tarta de fresas madrileña que te hará olvidar todas las demás

tarta de fresa la mallorquina
tarta de fresa la mallorquina

La tarta de queso, en todas sus diferentes modalidades, parece haberse convertido, para muchos, en la reina indiscutible de este dulce.

Menos cuajada, al horno, semifría, con diferentes toppings o, incluso, con variación de sabores, con el uso de diferentes quesos. También la combinación de la tarta de queso tradicional con chocolate belga, galleta lotus, o dulce de leche.

Tartas que, más allá de ser originales, o de haber conseguido conquistar al gran público, están consiguiendo también el dudoso honor de haberse convertido en un manjar que no siempre está al alcance de todos. Y es que, en algunos lugares donde buscan una tarta de queso más "particular",  la porción de tarta puede superar los 12 o 15 euros. 

Un "reinado" de los últimos años de la tarta de queso que, sin embargo, no ha conseguido desbancar a una de las tartas más reconocidas y apreciadas de Madrid. Y que puedes encontrar en un lugar tan céntrico y conocido como es la Puerta del Sol de la capital.

Sí, para muchos que sean aficionados al dulce, o que vivan en Madrid desde hace tiempo, saben a qué tarta en concreto nos referimos. 

Y no es otra que  la tarta de fresas de la Mallorquina. Una receta sencilla, pero que a lo largo de los años, se ha convertido en un imprescindible para muchos, y un sabor casi tan madrileño y reconocido  como las bravas o el bocadillo de calamares.

La indiscutible tarta de fresa

Sin duda, su cuidado aspecto exterior ya  hace salivar a prácticamente cualquiera. Y es que, a pesar de que pasen los años, la estética de esta tarta se mantiene, siendo uno de esos dulces que siempre te gusta encontrar inalterable.

Un aspecto jugoso y fresco a la vez que acompaña el sabor de la tarta, que puedes disfrutar  por porciones, o comprando la tarta entera por 28 euros la unidad (que cunde, tanto para cumpleaños como para ocasiones especiales. También para cualquier día con antojo).

Y es que en esta receta, que la que escribe estas líneas recuerda desde siempre, nunca falla. 

Un bizcocho que nunca queda seco, pero que no cuenta con el típico almíbar que se hace empalagoso, sino que acompaña de forma agradable la nata montada. Nata, es importante añadir, que sabe a la auténtica, y no a ese amasijo blanco que, en muchas ocasiones, encuentras en pasteles y tartas hechos  con menos cariño.

Por último, una capa generosa de fresas naturales, con mermelada de fresa que, de nuevo, no empalaga, y que se hace demasiado fácil de comer.

Una tarta tradicional, bien hecha, con muy buen gusto y equilibrio al paladar que, sin duda, no debe ser olvidada por ningún amante de la repostería. Ello, a pesar del reinado actual de la tarta de queso. Poco hecha.